Hay que bailar desde el cuerpo que no nos ha sido robado.
Tatsumi Hijikata

El ladrón de cuerpos tiene una voz penetrante. Todos le obedecemos. Especialmente a la hora de hablar de uno mismo. El ladrón de cuerpos entra por las orejas y siembra un cuerpo falsificado que se enraizará por detrás de los ojos. Esta falsificación organizará toda la vida en torno a una palabra: Yo. La atención enamorada de la vida caerá en el vacío de la falsificación con una facilidad desoladora, como entran las moscas en estas botellas atrapa moscas donde es fácil y lógico entrar, pero imposible salir. El cuerpo encarnado y la experiencia de mundos quedarán entonces en manos de la sociedad que se apropia la vida mediante la circulación de las palabras en el vacío de la cavidad encefálica. El ladrón de cuerpos, la tribu, el clan, la sociedad, el dios, el colectivo, pone al servicio de su propia supervivencia, crecimiento y dominación la existencia de la pluralidad anónima, naciente, abundante e inocente que somos.
Seguir leyendo














