El entusiasmo cínico. La gran batalla de nuestras vidas (4/4)

Quien ha renunciado a gastar su vida ya no puede admitirse su muerte.
Guy Debord, La sociedad del espectáculo

Foto de Raúl Bartolomé, Alma negra 40º.

En julio del 2007, algunos meses después de asistir al curso de Vinyamata y la política como gestión de muertes en el Instituto de Paz, Democracia y Conflictos de la universidad de Granada, nos subimos a una furgoneta rumbo a Grecia. No teníamos prisa, la furgo era vieja y el vino bueno. En aquel viaje descubrí a Pascal Quignard. Y entendí que la palabra que Derrida buscaba en lo imposible, esta palabra capaz de guardar silencio, Quignard la había encontrado: nacer. Descubría con infinito entusiasmo el motivo de mi tesis doctoral: fundamentar la justicia en la palabra nacer. A Grecia no llegamos nunca. De pronto, el camino se nos hizo más interesante que el destino. Vivir no sirve a prevenir la muerte. Vivir no resiste meramente a la muerte. Vivir nace. Vivre n’est que naître. Vivir no es sino nacer.

Al llegar a Italia, hice una escapada en solitario a la bienal de arte contemporáneo de Venecia. Parecía que iba a tardar poco en recorrer todo el recinto cuando llegue a un pabellón donde colgaba una decena de pantallas gigantes. Se proyectaba una obra de Zhenzhong Yang. Me senté y durante tres horas observé los rostros de la gente diciendo, sencillamente, en el idioma que era el suyo: Moriré. Je mourrai. I will die. Ich werde sterben. Hil egingo naiz. Yo voy a morir. Cada rostro estaba enfocado durante 10, 20 o 30 segundos. Una persona pronunciaba la frase profética y el eco de la muerte nombrada se translucía en microgestos, en risas, en lengua que recorre los labios, en tragar saliva, en congelación del rostro, etc. Durante más de tres horas estuve ahí sentado, totalmente fascinado, y olvidé, por un tiempo, que iba a morir.

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Hay un soñar que ni acepta ni rechaza la muerte. Hay un soñar en los márgenes del tiempo. Llamamos arte a las huellas que dejan las personas que se aventuran en este soñar.

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Moriré.
El porvenir, escribió Émil Michel Cioran, es el deseo de morir traducido en la dimensión del tiempo.

¡Cuánto nos gustan nuestras distopías! Toda nuestra civilización está hecha de porvenir. Nuestra sociedad se sostiene en esta huida hacia adelante donde el rechazo a la muerte necesariamente va unido a su fascinación. Al postular que el Bien es la negación de la muerte, nos condenamos a tener a la muerte como sentido de la existencia. La vida experimentada se vacía y por todas partes aparece el enemigo imposible de matar. Si tomamos a la muerte como enemigo, nos condenamos a una guerra perpetua imposible de ganar en la cual no hay sitio para la vida entusiasta, que no es sino la vida atravesada por el nacimiento. Y creamos una sociedad muy seria donde no hay sitio para la niñez. Nos perdemos el viaje al enfocarnos en un destino al que no queremos llegar.

Sobre las pantallas de Zhenzhong Yang, impactaba la despreocupación de los niños al profetizar su propia muerte. Moriré en la boca de una niña suena a chiste. Lo decían todos riendo, corriendo, como burlándose. Lo decían con entusiasmo. Pero un entusiasmo inmaduro: un entusiasmo sin cinismo. Una alegría del nacer, del derrame, del gasto energético, del derroche de vida. Un entusiasmo de la abundancia.

La educación se encarga de iniciar a la niñez a la muerte en vida y al cinismo. Hablan de ser responsable y se lo creen… Madurar es tomar consciencia, y tomar consciencia es someterse al miedo a la muerte. El resto es una grandilocuente farsa.

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Montaigne cayó de su caballo. Y comprendió que la civilización era una superchería. Comprendió, según dijo, ahí tumbado en la hierba y en su sangre derramada, que morir es agradable.

Que tal vez sea la civilización la que teme tanto a la muerte, y no tanto nosotros los seres natales. Escribió Montaigne: Quien aprende a morir, desaprende a servir. La no muerte es una moral de esclavos. La educación que reciben las niñas es un proceso iniciático que las convierte en siervas de instituciones esencialmente preocupadas por su propia supervivencia corporativa y el crecimiento exponencial de reinos ficticios. Instituciones vampíricas que nos expropian lo más vivo de la vida. Habiendo puesto nuestro nacer perpetuo entre paréntesis para identificarnos con una vida estática, una sustancia biológica individual, ya no podemos nombrar la muerte con una sonrisa en los ojos. Nos hemos entregado al espectáculo de la vida y, como escribe Debord en su manifiesto bomba, ya no podemos admitirnos nuestra propia muerte.

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Nietzsche abrazó, en el caballo, a la fuerza afirmativa animal. Quignard prefiere a los ciervos, repulsivos a cualquier intento de domesticación. El ciervo teme más servir que morir.

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Una enorme acumulación de porvenir – el deseo de morir proyectado en la dimensión del tiempo – nos precedió. Florecemos sobre innumerables muertes y negaciones. No querer morir no es el motor de la vida sino solamente de una forma de vida muy concreta. Este NO ontológico dinamiza nuestras sociedades que se materializan ahogando el brotar de la nueva vida. El nacimiento de lo nuevo exige la muerte de lo antiguo. Por eso, el capitalismo, en tanto vasallo del nihilismo que nuestra civilización encarna, quiere destruir el pasado. La guerra a muerte contra la muerte no se libra solamente en el futuro. El pasado debe morir pues la muerte es lo que irremediablemente vuelve sobre nosotros como lo hacen las olas sobre la orilla. La muerte como el nacimiento retorna eternamente. El ideal del capitalismo, desde su vertiente numérica bursátil hasta la espiritualidad de pacotilla, es un presente perenne inmortal. El capitalismo es una acumulación de no muerte, especula sobre la renuncia a la vida naciente. Vidas pospuestas. Vidas asustadas, encogidas, violadas, ignorantes e ignoradas, ansiosas, medicadas, televisivas. Vidas sin valor. Sin valentía. Vidas acomodadas.

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Algunos días antes del confinamiento en España, Santiago Alba Rico describió el virus como si de un golpe de realidad se tratase. Algo que nos pasa a todos al mismo tiempo. Y eso entusiasma.
Aunque ese algo sea borroso y ese todos complejo de cerciorar, la euforia sí que era muy evidente en los albores de la pandemia.

La última clase de butosofia previa al confinamiento iniciado en marzo versó sobre el entusiasmo que genera el peligro de lo real. En Madrid, se percibía el entusiasmo en el alto tono de voz de la gente, en la alegría al compartir noticias y puntos de vista, en la impaciencia al repetir chistes. Había en la ciudad, en la primera mitad de marzo, junto al buen tiempo, esta extraña mezcla de desconfianza, miedo y entusiasmo.

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Cioran: Antaño, los mortales gritaban. Hoy se aburren.

La excitación social en los días previos al confinamiento era palpable por doquier. Escuché a un amigo decir es como en una serie de Netflix. Cuando se declaró la Primera Guerra mundial, los europeos aplaudieron y las portadas de los periódicos dieron cuenta de la celebración. Por fin pasaba algo.

Vivimos más años, pero nada del ajetreo incesante que nos ocupa en lo cotidiano consigue engañarnos por completo. Vivimos más años, pero llenamos los años con una vida insignificante donde realmente pasa poco. Vidas pospuestas. Tenemos más futuro y sin embargo este futuro está constituido del miedo a morir y sólo nos inspira pavor y fantasías de zombis. Y nos enroscamos en el egoísmo individualista como lo hacen los gusanos bajo el yugo del terror. Vidas pequeñas. Vidas confinadas.

El confinamiento nos ha permitido, por fin, qué alegría, vivir acorde al miedo que sentimos desde que maduramos. Por fin, ahí afuera, la ansiedad encontraba una justificación. Nuestra pequeñez existencial tenía un mundo a su medida. Algo terrible acechaba y nos hacía increíblemente felices no tener que sostener una felicidad de fachada. El desprecio a la vida naciente en el cual fuimos criados se expresaba sin pudor.

La sociedad de los últimos hombres prefiere querer la nada a nada querer. Y de repente, vislumbramos todos nuestro sueño más profundo: la aniquilación y el caos al alcance de la mano. Una vida de serie para todos.

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Lo peor de la peste, escribió Albert Camus, no es que mate a los cuerpos, sino que desnude a las almas. Y este espectáculo suele ser horrible.

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En la sociedad espectacular de los últimos hombres, ajetreados en la organización y promoción del vacío, vivir se limita a no morir. Por muy ridículo que suene, aquí hoy en día estar muy vivo es estar completamente no muerto.
Vivir así no vale la pena.

Versión diletante: Estar vivo no sirve de nada, si es para trabajar. (André Breton)
Peor aún cuando no hay trabajo. Vivir no sirve de absolutamente nada, si es para buscar trabajo.
Versión desarmante: Aquel sueño monstruoso de sobrepasar a la muerte, es el que genera a todos los monstruos. (Wolfgang Sofsky, Tratado sobre la violencia)
Monstruosa sociedad que avasalla toda la vida para que algo que ni existe pueda pretender no morir. Vidas ficticias. Vidas ficcionalizadas.

Quiero vivir sin fundamento. Pensar sin ficción. Quiero arrancar el miedo a la muerte de mis entrañas. Quiero llegar a una edad avanzada e ir hacia la muerte con la curiosidad de un niño inocente y una sonrisa en los huesos. No se trata de un culto a la muerte sino de una celebración de la vida de la cual la muerte forma parte. Sueño con dejar un espacio más vasto, más rico en posibilidades, más desafiante para los límites del pensar, más vivo para los deseos.

*

Paul Valéry: Si quieres vivir, también quieres morir. O no entiendes para nada lo que significa vivir.

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La delirante popularidad de los relatos apocalípticos con zombis que avanzan es una gigantesca proyección colectiva. Deseamos el fin del mundo. Con muchísimas ganas. ¡Con qué alegría nos hemos abrazado al miedo, como sintiéndonos por fin legítimos en nuestro terror existencial, con qué frenesí nos enchufamos a la tele que multiplica el susto con el cual contemplamos la existencia desde lejos, enajenados de nosotros mismos, con qué celo nos ponemos a odiar y maldecir a toda persona que no adopta las formas de nuestra solidaridad de pacotilla! Con qué entusiasmo pavoneamos nuestro resentimiento y el cinismo que encauza nuestras vidas individualizadas hasta la pena extrema. ¡Qué felices estamos de poder por fin mostrar la cara de nuestra desdicha! La felicidad de fachada nos cansó sobremanera, y la pandemia trajo un gran alivio, una gran dosis de realidad, realidad en la que podemos, por fin, odiarnos sin tapujos.

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La gran batalla de nuestras vidas es expulsar este odio cínico de nuestras entrañas y recuperar una mirada infantil, no totalmente sumisa al lenguaje institucionalizado, como enraizada en este soñar que da a luz al tiempo sin someterse a él. Nuestra gran batalla ambiciona descarrilar la sociedad de los últimos hombres que adoran a una salud que no es sino un culto al número disfrazado de progreso. Nuestra lucha anhela abrazar el animal indomesticable para despedirnos de la servidumbre voluntaria y desterrarla de nuestra carne por completo. Recordar y reactivar la energía naciente, la vida salvaje, la imprevisibilidad de los ciervos. Y negarles nuestra alegría a todos los falsos valores y todas las falsificaciones que usurpan la vida naciente. La gran batalla de nuestras vidas es seguir naciendo.

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0. La gran batalla de nuestras vidas
1. Liberación por descontado
2. La insana vanidad de los guerreros
3. La solidaridad postmortem
4. El entusiasmo cínico

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Nacer de nuevo

Nacer es también saber hibernar.

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He venido para no volver, Obscena septiembre 2017. Foto de Claudio Palazzo

Nacer es saber crear infinitos interiores, replegarse en la potencia antesocial, es luchar en lo absurdo, es abalanzarse en una travesía improbable cuando una rendija de luz deja entrever lo imposible, es descubrir de nuevo que el mundo son muchos mundos. Y en este nuevo lugar crear un hogar, hibernar, crear un interior infinito, enamorarse de la exploración hasta saturar el sentido y habitar lo absurdo, luchar entre cielos e infiernos, entre afirmación y aniquilación, y emerger de nuevo en una pluralidad inabarcable que solamente podremos asimilar mediante la creación de nidos. En una vida humana este ciclo se repite, siempre de nueva vez, incontables veces. Múltiples ciclos se solapan, se vectorizan, se tensan, se contagian, dinamizan, suceden en simultáneo de manera irreconciliable. No somos uno. El yo es una tecnología de gestión civil, no una realidad carnal ni mucho menos una sustancia anímica. Somos relaciones.

Hemos hibernado en nuestra casa y en nuestra unidad biológica custodiada por los poderes médicos. Hemos sacrificado por un tiempo el tejido relacional. En la visión convencional contemporánea, somos cuerpos individuales que se relacionan. En el Arte de nacer de la butosofia, somos relaciones que se corporeizan e individualizan.
Salimos de la hibernación con los cuerpos un poco resentidos y las mentes empobrecidas pero el golpe más fuerte se lo ha llevado el tejido relacional, el con, el nos-otros que somos. El Arte de nacer es más necesario que nunca porque avanzamos en un mundo desconocido.

Asomamos las cabezas de nuevo. Iremos con mucho amor, esmerando la atención y la escucha en cada momento. Nadie sabe cómo estamos ahora. El butoh es preguntar y oír sueños de libertad, imaginar horizontes de expansión y palpar caminos reales que nos llevan hacia lo que solamente podemos intuir.

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A partir del martes 9 y viernes 12 de junio, posibilidad de escucharnos en privado para antiguos asistentes de butosofia.

Performance He venido para no volver en Obscena: naturaleza insólita
13-14 de junio (La Pedriza) / contacto: 650306902 – obscena@hotmail.com

Intensivo de butosofia en Madrid
3-5 de julio

Intensivo de butoh innato junto a Matilde Javier Ciria en Madrid
6-9 y 13-16 de julio

El Cuerpo en su mundo 4 junto a Carlos Osatinsky y Fernando Nicolás Pelliccioli en Piedra La Ventana, Valle de Tus, Albacete
17-23 de julio

Aula nostra. Formación de butoh innato de octubre 2020 a junio 2021 (www.aulanostra.com)

Info butosofia@gmail.com / 625 067 600

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La solidaridad postmortem. La gran batalla de nuestras vidas (3/4)

En el secreto de mi corazón, no siento humildad más que ante las vidas más pobres o ante las grandes aventuras del espíritu. Entre ambas cosas se encuentra hoy en día una sociedad que da risa.
Albert Camus

Si omnes ego non.
Pascal Quignard, La barca silenciosa

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Fotografía de Raúl Bartolomé, Alma negra 40º.

En el centro de la Vía Láctea hay un agujero negro. En el centro de cualquier solidaridad hay muertes. La sociedad gira en torno al sacrificio del enemigo. O nos unimos para matar o nos unimos porque nos han matado. Normalmente: para matar lo que nos mata. Una víctima mortal es necesaria para identificarnos. De ahí que la identificación sea un proceso de mortificación. Lógica sacrificial básica: la unión solo acontece sobre la base de la exclusión. Cuanto más unidos, más muertos necesitamos. Cuanto más muertes, más unión necesitamos. Cuanto más poderoso el dios, más sangre le sacrificamos. La luz, social o galáctica, organiza el espacio en torno a un secreto inconfesable. Seguir leyendo

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La insana vanidad de los guerreros. La gran batalla de nuestras vidas (2/4)

Amamos a la humanidad en general para no tener que amar a los seres en particular.
Albert Camus

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Foto de Raúl Bartolomé. Alma negra 40º.

El confinamiento es el escenario donde se libra la gran batalla de nuestras vidas. Somos héroes solidarios por retirada. En esta situación de excepción, se agudizan los valores viciados que sustentaban y sustentarán nuestra vida en común. Es un momento oportuno para profundizar la crítica a la política. No tanto de participar en la guerra de números de los políticos y sus ciudadanos crispados, sino para sumergirnos en las aguas profundas ahora que los escollos aparecen por mayor claridad. En el primer texto, quise aludir a una libertad que no ofrece rendimiento, que no es útil ni un instrumento de los que Nietzsche llamaba los últimos hombres, esta vida enferma que disfraza su no querer vivir en no querer morir. En este segundo texto, sin entrar en debates acerca de soluciones políticas y futuros posibles, sueño con que podamos poner nuestros ojos de acuerdo acerca del problema. Estar de acuerdo acerca de los términos del desacuerdo. Pensar la diferencia. Seguir leyendo

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Liberación por descontado. La gran batalla de nuestras vidas (1/4)

Cada ser humano es una ciudadela llena de tiranos que es preciso hacer explotar.
Pascal Quignard, La barca silenciosa

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Foto de Raúl Bartolomé. Alma negra edición 40º.

Me sorprende que no se haya mencionado más a menudo a Nietzsche en esta superabundancia de reflexiones víricas y confinadas. Profético como otras tantas veces, Zaratustra al denostar a los últimos hombres, aquellos seres humanos que prefieren querer la nada a no querer nada, señalaba a la Salud como su valor supremo. Seguir leyendo

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La gran batalla de nuestras vidas (0/4)

En la batalla entre el mundo y el ser humano, no es el mundo el que empieza.
Gaston Bachelard, L’eau et les rêves

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Foto de Raúl Bartolomé. Alma negra edición 40º.

Al inicio de la pandemia, el primer ministro de mi tierra natal convocó a la población a solidarizarse de lo que no dudaba en calificar de la más grande batalla de nuestras vidas. Alrededor de todo el globo, hemos oído a los líderes y su prensa afirmar cosas similares. Siempre quise involucrarme en una guerra santa que tuviese la dignidad, la justicia y la libertad de su lado, tanto en sus fines como en sus medios. Seguir leyendo

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El Cuerpo en su Mundo 4

El Cuerpo en su Mundo 4
Taller de investigación corporal en la naturaleza
con Fernando Nicolás Pelliccioli, Jonathan Martineau y Carlos Osatinsky

Del 17 al 23 de julio del 2020
Piedra La Ventana, Valle de Tus, Albacete

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Por un cuarto año consecutivo, invitamos a una aventura colectiva en las profundidades del cuerpo y la mente. Proponemos una inmersión hacia los huesos y el subconsciente y entendemos que la montaña, los ríos, los árboles, los insectos, el silencio constituyen el estudio ideal para realizar nuestra investigación. Solo conocemos el cuerpo si lo exploramos en relación al mundo.

El taller reúne dos trabajos, el Arte de nacer de la butosofía espaciopropio.augenblick, que a lo largo de los días van fundiéndose el uno en el otro liberando un movimiento renovador y unas danzas insospechadas. Por un lado, se plantea un viaje hacia los huesos para conectar con la estructura profunda de nuestro organismo vivo. Por otro lado, invitamos a una sumersión en el mundo subconsciente para permitir la transformación de nuestra vida. Nos entregaremos a un espacio propio, común y naciente en el corazón de la Sierra del Segura, acogidos por el descanso de las rocas gigantes, el murmullo de los árboles, la picardía de las aguas vivas y cristalinas del río Tus y la soberbia majestuosidad de los cielos estrellados de la montaña.

Durante una semana del mes de julio, la intención es recalibrarnos, volverse hacia el origen, renacer entre la realidad del mundo onírico y la experimentación del movimiento surgente, explorándonos a partir de la práctica compartida de butosofía y espaciopropio.augenblick en conexión y expansión.

Seis noches estrelladas para develar posibles, soñar juntos, descansar en el danzar, hallar motivos en acción, alternar entre rocas vivas, presencias despiertas, creatividad emergente, inspiraciones al nadar en las fuentes. Abiertos al entorno, campos de posibilidades para gestar experiencia de un modo integral, en resonancia, sin más ni menos.

Sin Ton ni Son / Sintonías.

espaciopropio.augenblick
La vida es una fuerza geológica. Que más bella imagen de los huesos como la de constituir una geología sumergida en nuestro cuerpo que ofrece sostén de un modo oculto y silencioso. La invitación durante esos días será entregarnos a su misterio, proponiendo una práctica de movimiento que amplíe el uso cotidiano y expresivo de nosotros mismos. El viaje se inicia guiando la atención hacia la estructura de soporte óseo, conectando con su presencia desde las capas más profundas, liberando bloqueos, investigando nuestras experiencias como cuerpos materiales y energéticos, singulares y colectivos, interrelacionados y despiertos a la multiplicidad circundante. Dialogamos así con la gravedad como impulso primario, abiertos a redescubrir espacios movientes y experimentar una nueva perspectiva en la cual una observación consciente sea la conductora.
Somos consciencia en movimiento, materia reorganizándose y vibración en constante transformación.
web:
www.ferychar.wix.com/site

Butosofia. El arte de nacer
El mundo solo existe naciendo. Nosotros, colectiva e individualmente, formamos parte de este mundo en nacimiento continuo, desbordando fuera de sus límites conocidos. Como parte de la vida que brota y del subconsciente que empuja, la danza se convierte en liberación. El Cuerpo en su Mundo es una aventura segura y gozosa hacia lo más valioso de nuestra existencia común: el mundo subconsciente.
Para la cuarta edición del taller, las propuestas girarán en torno a la idea de que nuestra danza sirve de puente entre un mundo onírico e incomunicable que subyace a nuestra materia y la esfera colectiva convencional. El espacio escénico se convierte en un altar donde permitimos que acontezca, a través de nuestros cuerpos, una transformación colectiva.
web: www.butosofia.com

El cuerpo en su mundo… y vice-versa!
Nos conocimos en 2009, cuando espaciopropio.augenblick ya viajaba por el mundo y la palabra butosofía aún no existía. De hecho, tal vez jamás hubiese existido sin este encuentro catalizador. Concebimos la danza y el movimiento como una pesquisa existencial donde los individuos pueden llegar a conocerse mejor y por ende a gozar de una libertad más cercana a la verdad. Al mismo tiempo, el conocimiento adquirido sobre uno mismo aprende a contemplarse envuelto en un mundo mayor, en un mundo colectivo, vivo y dinámico. Explorarse conscientemente genera liberación en el mundo que se hace habitable de nuevo.
Butosofía y espaciopropio.augenblick no han cesado de nutrirse e intercambiar información y prácticas desde 2009. Juntos, hemos creado las piezas para la escena Crucifluxión (2013) y Tre3 (2015). Hemos colaborado en la organización y la facilitación de los talleres del maestro butoh Rhizome Lee en El Cielo de la Vera en 2015 y 2016. Estamos orgullosos de presentar de nuevo el taller El cuerpo en su mundo, una colaboración pedagógica de larga gestación, enriquecida por la experiencia de las ediciones anteriores que tuvieron lugar en Losar de la Vera en la Sierra de Gredos, ediciones que han superado con creces nuestras esperanzas las más lindas.
Algo bello está naciendo y damos la bienvenida a todas las personas que quieran formar parte de ello.

Informaciones prácticas

¿Dónde?

Casas Rurales Piedra La Ventana, Valle de Tus, Yeste, Albacete, España.
https://piedralaventana.com/

¿Cuándo?
Del viernes 17 al jueves 23 de julio del 2020.
Llegada el viernes 17 entre 15h y 17h. Salida el jueves 23 por la tarde.

Precio
Participando en el encuentro completo de siete días, que incluye alojamiento y desayuno, comida y cena ligera cada día*, de la cena del viernes a la comida del jueves, el costo es de 600 €.
Inscripción antes del 17 de junio: 500 €
Del 18 al 30 de junio : 550 €

*El viernes hay una cena de bienvenida. Después, durante el taller, no hay cena propiamente dicha. En la noche, habrá fruta y alimentos ligeros a nuestra disposición para calmar el apetito pero la propuesta es ir a la cama con el estómago ligero. Esta dinámica facilitará nuestro reposo nocturno y nuestra investigación en el cuerpo danzante. Nos permite disponer de más tiempo para el movimiento y ofrece un merecido descanso a nuestro sistema digestivo, sobrecargado de todos modos. Comer menos y mejor, y movernos más libremente.

Inscripciones
butosofía@gmail.com

Si tienes inquietudes o preguntas, no dudes en contactarnos!

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El cuerpo invisible y su danza. Ciclo de dos talleres del Arte de nacer en Málaga

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Foto de Álvaro Parado

La butosofia es una investigación del pensamiento en movimiento. Se basa en la experiencia de un cuerpo naciente. ¿Qué es un cuerpo naciente? Es un cuerpo que solo existe en movimiento. Nacer evoluciona a las antípodas del Ser, que concibe el cuerpo como una sustancia. Nacer entiende el cuerpo como una emergencia.
El cuerpo es un brote y urge, hoy en día, que emancipemos el cuerpo de las ficciones que lo paralizan.

El cuerpo naciente está compuesto de cuerpo realidades que se entretejen: el aire, la gravedad, las sensaciones físicas y la imaginación. Ninguna de estas realidades es visible en sí. Podemos percibir sus efectos en la realidad y intuir su movimiento. Pero no podemos fotografiarlas.

En el primer seminario, nos centraremos en la imaginación de la materia. Despertaremos el cuerpo invisible, más real que el cuerpo que describen los libros de anatomía. Se realizarán experimentos que permiten practicar el enfoque de un cuerpo naciente y transformar ideas en sabores, conceptos en carnes y poesías en movimientos.

En el segundo seminario, la investigación se centrará en la imaginación del movimiento y la disolución del cuerpo en un espacio llamado nosotros. Exploraremos el nacimiento del mundo mediante dinámicas asequibles y reveladoras. Estos caminos, al alcance de todos los cuerpos y disfrutable para todas las mentes, nos permiten ordenar el movimiento que hacemos al movimiento que somos. En lugar de vivir para estrangular las fuerzas nacientes, ajenas al lenguaje por definición, buscaremos apoyarnos en el cuerpo naciente para generar danzas que nos permiten aprender algo del cuerpo y poder así cultivar una sabiduría viva y enraizada en la experiencia. Seguir leyendo

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Improvisación pura

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Alma negra 00×00, Madrid 2018. Foto de Raúl Bartolomé

Lo que vais a presenciar ahora es pura improvisación. Nosotros improvisamos. Radicalmente. Es lo que hacemos. A propósito.

No se trata de una falta de respeto a la escena, ni al público, ni al arte. Improvisamos por amor profundo a la existencia, lanzándonos con confianza amorosa, es decir ciega, hacia el mundo donde hemos emergido al nacer. Improvisamos por devoción a los seres que amamos.

Improvisamos. Totalmente. No llevamos nada preparado. Llevamos años de preparación, décadas de entrenamiento en el vértigo, una vida serenándonos en el abismo repudiando los engaños y las verdades de connivencia.

No componemos. Ni en el instante. No vais a vernos desplegar herramientas. No construimos. No contamos historias. No hay red de seguridad. Tampoco seguimos el sentir superficial del momento. Lejos atrás hemos dejado el pueril onanismo sensorial. Ni nos entregamos alegres a los caprichos del presente. No os vamos a servir ideas, ocurrencias o conceptos por dios. Nada que entender. No vais a ver decisiones, movimientos, juegos ni danzas. Ni ejercicios, ni material, ni cualidades, ni imágenes. Ni emoción. Ni esfuerzo.
No vais a ver el trabajo. Eso seguro que no. No vais a ver el trabajo con el cual trabamos y trenzamos nuestras vidas con pasión desenfrenada.

Nosotros improvisamos.
Hemos dimitido del esfuerzo impuesto por la tribu del malvivir que exige sostener identidades, cuentos, mitos y ficciones. Repudiamos el clan que reclama sacrificios para alimentar a sus fantasías de inmortalidad, su progreso, su futuro, su terror.
Nosotros no significamos. No narramos. No convencemos. No justificamos. No ayudamos a comprender. No criticamos. No arrojamos luz. No ordenamos. No pedimos limosna ni mendigamos atención. Nosotros no creemos en el sentido, no, no apartamos la mirada del espanto que inspira esta vida sin fondo.

Eso. Eso veréis: nuestra mirada. Nuestros ojos desamparados. Nuestro miedo. El sudor en la palma de nuestras manos. Vais a ver nuestros pies sucios, nuestra miserable manera de amar, nuestro torpe intento de gritar Sí hasta los confines del universo y hasta la taciturna retaguardia celular y hasta nuestros patéticos secretos desprovistos de originalidad. Vais a ver fragilidad, vulnerabilidad, presencia, brillo, fracaso, fuerza, animales, insectos, polvo de estrellas, demonios, fantasmas, locura, belleza. Simpleza. Sencillez. Salvajismo. Saliva. Sudor. Pavor. Nacimientos, sexo, muerte, flores, dominación, escapismo. Gritos y susurros.

Nosotros improvisamos. La vida es corta y las mentiras pesan.
Vais a ver sacudidas entre escombros. Orgasmos en el lecho del caos. Suspiros en el oído de un ángel. El demonio cogido a la garganta. Improvisación.

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La voz de la consciencia, el grito del cuerpo y los murmullos del mundo

La voz tiembla. La garganta se anuda. Y la lágrima que desciende sobre la mejilla hasta los labios sabe como el agua salada del mar.
La respuesta está en el mar. Seguir leyendo

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