Yo no nací solo. Sobre una alienación vertiginosa

La soledad es inherente a la especie humana. Nacemos y morimos solos.
Ricardo Darín

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Performance final en Alma negra 42º, Agueda, 2018. Fotografía de Raúl Bartolomé.

Yo no nací solo. En el pasado, he pensado y he llegado a escribir cosas semejantes a las que expresaba el actor argentino Ricardo Darín en esta entrevista. Nacemos solos y morimos solos. Soñaba con convertirme en un héroe de la soledad, como quien se enfrenta sin muletas ni espejismos a la condición humana. Soledad innata. Todo lo demás es ficción y cobardía.

Hoy sin embargo no doy crédito a lo que leo. ¿Cómo puede pensarse que nacemos solos? ¿Cómo es posible que una persona en su sano juicio y lejos de la estupidez llegue a afirmar que nacemos y morimos solos? ¿Cómo un periódico con pretensión de proyección internacional puede publicar sin rechinar una tan patente barbaridad? ¿Nacemos solos?

Habitar en las entrañas de una persona. Compartir un órgano con ella. Estar atado a esta persona por un cordón umbilical a través de la cual fluye una sangre que recorre sin distinción sus venas como las tuyas. Atravesarle los genitales de adentro hacia fuera, espaciarle el hueso púbico unos centímetros, no raras veces desgarrarle el periné, gritar y extasiarse juntos. Si de verdad te dejan actuar solo al nacer – lo que no sucede prácticamente nunca –, raptar hacia sus pechos para comer directamente de su seno. Reconocer una voz de la cual ya estás enamorado por defecto. Si todo esto es estar solo, amigos míos, yo ya no sé lo que puede significar estar en compañía. Si nacer y soledad se pertenecen, os ruego que se me interne en un psiquiátrico pues mi confusión es total.

*

Así escrito, nacemos solos, suena como profundo. En un cóctel mundano, una afirmación del estilo te eleva inmediatamente por encima de la conversación al uso. Ha llegado un espíritu fino. Sin embargo, y fíjense en lo curioso que resulta, si afirmamos lo mismo en singular lo que sonaba profundo se hace nimio. Yo nací solo. Nadie hará caso a alguien que sostenga tal desfachatez. La soledad solo nos habla cuando se presenta en plural.

Sin hablar de la presencia de médicos, enfermeros, comadronas, doulas, mujeres, hermanas, curas, etc., sin hablar de la organización socio-política de los partos, hablando de especie humana, y de mamíferos en general, el nacimiento es por esencia una acontecimiento comunitario. Una madre y su prole. Una obviedad que nadie negará. La inherente a la especie humana y a los cuerpos que la conforman es su ser relacional.

*

¿Entonces de qué hablamos cuando decimos que nacemos solos, cuando publicamos en medios impresos discursos que afirman la soledad del nacimiento? ¿Qué ceguera es necesaria para ver las cosas así? Creo que una afirmación tan descabellada solo pasa desapercibida en una sociedad en la cual el individualismo ha sido introyectado hasta las fibras más profundas del cuerpo-mente. Esta creencia de la soledad del nacimiento deja constancia del masivo lavado de cerebro que sufrimos desde siglos, lavado necesario al funcionamiento de las democracias de mercado para las cuales el individuo es la sustancia prima. El individuo innato es una alienación.

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Los seres humanos, nacidos bajo el yugo, sin mirar hacia delante, se contentan con los bienes y derechos que encuentran al nacer: confunden su estado de nacimiento con su estado de naturaleza.
Étienne de la Boétie, Tratado sobre la servidumbre voluntaria

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Ésta es la razón por la cual la resistencia es fundamental, explicaban los patriotas quebequenses durante sus revueltas de los años 1840. Lo que la generación actual consiente hacer bajo la imposición del látigo y la fuerza, las generaciones siguientes lo harán motu propio. Confunden su estado de nacimiento por su estado de naturaleza. El ser humano toma por normal el mundo en el cual emerge.

Hemos nacido en la lógica triunfante del individualismo enfermizo que pone en una escena competitiva cuerpos unitarios y miserables de inseguridad y aislamiento. Cuerpos sin mundo. En la época en la que escribía La Boétie, comenzaba los estudios anatómicos que consideran el cuerpo como una totalidad individual. Esta concepción dio luz a nuestra comprensión de los derechos y también a la tradición de desechar la placenta de los neonatos a la basura como pura materia orgánica irrelevante, tradición nacida hace un par de siglos. La era del individualismo se consolida con este gesto nada inocente de desprecio hacia lo que Sloterdijk llama el órgano-con, la materialización de nuestro ser fundamentalmente relacional. Mientras las placentas se pudren en las papeleras, triunfa la idea de un cuerpo y mente individual en política y en medicina. La democracia y la anatomía avanzan de la mano elaborando un escaparate de mundo común tras el cual se dinamiza las lógicas de encierre en sí mismo. Las redes sociales con sus fotos de perfil que cortan las piernas culminan esta combinación de falacia comunitaria y aislamiento desgarrador. Sonrisas, maquillaje y photoshop dejan translucir este grito desesperanzador de la vida sin mundo.

El individuo, si jamás aparece fuera de las ficciones políticas, acontece en la última exhalación del ser realizado.

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El individuo solo puede existir en la muerte. Morir solo: una conquista de la sabiduría y no una fatalidad. Pues tampoco morimos solos. Solemos morir rodeados de cuidados, y acompañados por otros seres humanos, sean seres amados, empleados de hospital, de auspicios, transeúntes, implicados en accidentes, etc. La soledad del moribundo le es impuesta y quien muere solo lo hace añorando compañía. Muere con sus fantasmas y fantasías. Morir en soledad no es propio de la especia humana sino que es una conquista de los sabios. Muere realmente sola la persona que se desvinculó de las ataduras, que se libró de las identidades, que se emancipó de las tribus. Existe en inglés una distinción que sería útil importar a otras lenguas. En inglés puedes estar lonely o alone. Loneliness es una soledad que experimenta la falta de comunidad. Así mueren nuestros ancianos, abandonados. Aloneness es la soledad que desborda, que se basta a sí misma, que nace continuamente. Así mueren los sabios, emancipados.

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