Cárceles que flotan

No se puede ser guardián de cárcel y ser humano evadido al mismo tiempo.
Pascal Quignard, Las sombras errantes

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Alma negra 42º. Fotografía de Raúl Bartolomé.

Este hombre era la sensación del pueblo. Levitaba. Se aglutinaban masas de curiosos a su alrededor para presenciar sus proezas de levedad. Gautama el Buda llegó a la ciudad para enseñar Vipassana. Los discípulos del iluminado pensaron que debía absolutamente conocer a este hombre que flotaba. Al llegar a la urbe, Gautama se dejó guiar hacia el lugar donde estaba el hombre que levitaba, rodeado como siempre de una multitud de aduladores. Gautama se acercó, lo vio, sonrió y se dio la vuelta para marcharse susurrando: Qué curioso, un hombre en una cárcel flotante. La enseñanza irónica de Buda es muy sencilla: las posibilidades técnicas de un cuerpo no conducen a su liberación.

En el siglo XXI las cárceles que flotan son una plaga. El mandato del cuerpo sano es poco más que la obligación de mantener tu celda limpia. Los individuos tuneados, desde las personas que cultivan su imagen hasta las que apostan por un crecimiento espiritual, encarnan la derrota del ideal de emancipación. Mejorar tu persona es darle de comer al cáncer. Necesitamos vivir lo que somos: una pluralidad naciente. Hacerse más sonriente y compasivo o más musculado o mejor vestido o con los pelos más ordenados o con menos pelo por ahí, más por allá, etc., convertirse en mejor persona en la dirección que sea jamás ha amenazado la hegemonía del individualismo. Contemplamos a diario la paradójica expansión del bienestar, a menudo farmacológico, en un mundo cada vez más desesperanzador. Si le damos tanta importancia a la felicidad, ligereza y flotación de la cárcel individuo es solamente porque el mundo nos asquea cada vez más. La ansía de sobresalir traiciona nuestra necesidad de escapar porque en el fondo sabemos o intuimos que nuestra situación colectiva es inmunda. Sin embargo, la escapatoria individualista es la trampa más obvia del totalitarismo del ensimismamiento. La liberación – que es el único valor – es una salida del sí mismo que te ha impuesto la tribu. ¿Cómo podría el trabajo personal liberarte de tu mismidad? El culto al individuo, este ente abstracto sin mundo, florece sobre el desprecio al mundo, sobre la transformación continuada del espacio común en algo inmundo.

El imperio de las cárceles flotantes no es ajeno a la danza. Incluso la metáfora cuaja de manera especialmente elocuente en los estudios técnicos de los conservatorios. Mira lo que sé hacer. Se aprenden frases y trucos y bombas de humo y chispitas a los ojos. Se acumula en el cuerpo un capital de posibilidades técnicas. Y el escenario se llena de cárceles flotantes.

Salimos de la función y ella dijo: Se movieron mucho pero movieron poco.

Muéstrame a través de ti el mundo en movimiento que somos. Disuélvete por un instante en un espacio naciente y líbranos así por unos momentos del cansancio de ser uno mismo. Haz resonar la resonancia. Que en tu danza transluzca la danza del mundo. No intentes convencerme de que en tu celda se vive mejor, que estos colores son más bonitos, que el sofá de tu cárcel es más cómodo y que tus altavoces tienen el sonido más claro. No quiero ver lo feliz que puedes llegar a creerte en tu miseria. Tampoco nos interesa ya que te regocijes en lo miserables que somos, en la injusticia de tu situación y lo doloroso que te resultan tus privilegios de blanco o blanca del primer mundo. Si tienes que practicar el arte de la denuncia, que estés a la vanguardia de la insurgencia, pero no nos hables de temas que son trending topic y que los medios de comunicación masiva utilizan para vender sus publicidades.

Quiero ver que la liberación sigue posible. Quiero ver que la emancipación sigue vigente. Quiero ver algo de ti que no entiendes y que busca salida en nosotros. Quiero ver un mundo común emergente. Quiero ver algo anterior al lenguaje atravesarte para llevarnos hacia algún lugar aun sin nombre. No me interesa lo que se acumula en ti sino todo lo contrario. No puedes ser guardián de cárcel y ser humano evadido. No puedes rendir culto al individuo y emanciparte al mismo tiempo. No quiero ver cárceles que flotan ni cuerpos calientes ni el trabajo como se dice en el mundillo (- ¿Te gustó? – Se ve el trabajo.). Quiero ver barro entre los dedos de tus pies y recordar que la diferencia entre subsuelo y cielo es una ficción que nos han impuesto los que odian el nacimiento.

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