Pedagogía del abismo

“Nadie es más esclavo que él que se cree falsamente libre.”
-Goethe

DSC00601Isabel fotografiada por Gessuri, Jogiwara 2011.

Hemos asumido ciertas convenciones tantas veces que se han anclando detrás de nuestros ojos para convertirse en ideas fijas, ideas fijas que luego pasan a determinar toda nuestra experiencia de la existencia. Así es como la mayoría de nosotros hemos terminado habitando la vida desde el prisma de una mente-yo moviendo un cuerpo-cosa-individual en un espacio-receptáculo estático. Un espacio fijo acogiendo individuos animados por una consciencia; he aquí el fundamento mítico de las sociedades democráticas. Esta triada alma (consciencia) – carne (cuerpo) – mundo (espacio) es la nieta del Espíritu (consciencia) – Hijo (materia) – Dios (mundo). Urge que liberemos el espacio de la condena a muerte que le hemos aplicado al fijarlo, al crucificarlo. El espacio no tiene lugar, no existe en ningún sitio. El espacio es creación. La libertad es su prerrogativa.

He visto y experimentado muchas prácticas destinadas a liberar el cuerpo y otras tantas enfocadas a apaciguar la mente. Casi todas, en realidad, pretendían hacer ambas cosas a la vez. Pretendían liberar el cuerpo y serenar la mente sin siquiera tocar el espacio. Tocaban la sala, miraban las paredes, movían el aire pero dejaban intacto el espacio receptáculo, la fijación del espacio, la crucifixión del mundo. He visto numerosos cuerpos liberarse en un espacio muerto y he sido testigo de tantas sonrisas felices de habitar un mundo disecado. Por mucha transformación que experimentes, si alrededor tuyo el mundo sigue igual tu libertad es vana. El supermercado CuerpoMente promete una vida realzada que en la práctica se traduce por una celda más amplia, más cómoda, con pinturas de colores en las paredes y cuando la celda tiene vistas afuera ya se habla de Iluminación.
Sólo hay liberación real cuando el CuerpoMente se abre al abismo, cuando el espacio se resquebraja abriéndose a su dimensión naciente. Sólo hay liberación para el mundo.

*

Él tenía acidez y reflujos. Empezó a tomar unos medicamentos reguladores de la acidez. Le fue mejor. Gracias a estos medicamentos volvió a ser la persona alegre y simpática que siempre había sido. No tuvo que cambiar de dieta. Acabó muriéndose, bastante joven, de un cáncer de esófago. En su lecho de muerte todo era acidez.
Existe el riesgo de que meditar quince minutos a diario, saludar al sol, asistir a talleres que fomentan la consciencia corporal, sean como medicamentos que nos anestesían y que nos impidan cambiar una vida que no es nuestra. Nos sentimos mucho mejor y gracias a nuestra energía renovada atacamos los días con ferocidad y nos atamos con ganas a una vida alienada.
Las técnicas CuerpoMente cuando no liberan el espacio de su fijación política son herramientas de sumisión.

*

Ella preguntó: ¿Porqué se mueven tan lentamente los bailarines butoh?
Pregúntale a los buceadores, le contesté. Cuando se quedan quietos en el fondo del mar, todo se hace vivo alrededor de ellos, todo se despierta, todo se mueve.
La lentitud ayuda aunque no es el único camino ni siquiera un camino necesario. La lentitud ayuda porque en movimientos lentos el cerebro, responsable de sintetizar una imagen de sí mismo, se abre a flujos de información que normalmente quedan acallados en las prisas de lo cotidiano. Estos flujos de información desdibujan la imagen de sí, disuelven la oposición entre espacio e individuo y emerge así poco a poco una consciencia impersonal que es cuerpo y espacio al mismo tiempo. La libertad ya no es entonces algo que vas ganando, incrementando, acumulando, la libertad ya no es un capital que luces en espectáculos. La libertad ya no es algo propio.

*

No hay liberación individual sino liberación común del autismo del individuo, de la impermeabilidad de las personas y de la miseria con la cual cargan. Repito a menudo en los seminarios de butosofia que no nos liberamos a nosotros mismos sino que liberamos el mundo en nosotros. Este matiz lo cambia todo, cambia toda la perspectiva de la atención, todo el trabajo.
Ella tiene la casa bien limpia y el césped bien verde y muy bien cortadito. Va y tira la basura en el barranco de en frente.
¿A qué te sirve liberarte de esta tensión si es para tirarla al espacio para que ensucie todo lo demás? ¿A qué te sirve serenarte si es para volver a una vida que no vale la pena?
Tú eres esta tensión, este bloqueo, esta contractura, este dolor. Tú eres la suma de tus nudos. La danza te permite liberar el mundo de esta tensión al mimarla, escucharla, tensarla o relajarla, percibirla, analizarla, dividirla, disolviéndola en movimientos y percepciones y viajes. Liberas el mundo de tu individualidad. Nos desanudas al desnudarte. Te disuelves en un espacio natalicio.
Nos liberas de ti mismo.

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