Principios básicos de cocreación. (Y algunas ideas sobre el uso del lenguaje en el estudio de danza)

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Cocreación improvisada en la Subbody Butoh school · Foto: http://www.subbody.net.

“Tienes que conocer el lenguaje como la palma de tu mano. Tienes que conocer las palabras como la yema de tus dedos para no acabar siendo el esclavo del lenguaje. El lenguaje es una ventana. Utiliza el lenguaje y el vacío del lenguaje, que no es sino una ventana, para hacer ver el mundo que las palabras nunca tocarán.”
– Frontón a Marco Aurelio (citado por Pascal Quignard en Retórica especulativa)

“Nunca dejará de extrañarnos el hecho de que es nombrando las cosas que las perdemos.”
– Jean-Paul Curnier, Manifeste

De abril a junio crearemos una pieza entre todas las personas que asistan al seminario regular de butosofia en Madrid. Escucharemos muchas voces y por ello creo que es pertinente trasladar algunos principios del pensamiento natalicio y del butoh que vamos explorando a la filosofía del lenguaje. ¿Cómo hablarnos y cómo escucharnos cuando nuestra atención sueña y nuestra cuerpo nace?

Nacer es un movimiento ajeno al dominio de las palabras tanto en su origen como en su destino. El nacimiento se origina en un reino anterior al lenguaje y nos hace desembocar en un mundo que no sabemos nombrar. ¿Cómo hablar cuando buscamos inscribir nuestro movimiento en continuidad con esta caída en surgimiento que es el nacimiento? Lo que viene a preguntar: ¿qué uso del lenguaje si no aceptamos la idea bíblica de que al principio era el Verbo?

Como mito, el Verbo originario es fascinante. No solamente lo encontramos en el antiguo testamento de la Biblia, sino en la cultura griega y su descabellada creencia de que su idioma nombra exactamente – sin mediación – el mundo cuando las demás culturas solo profieran barbaridades, creencia que se cultiva también en relación al sánscrito en las Upanishads, hasta los aborígenes australianos creían que los nombres de las cosas precedían su existencia y que todas las cosas fueron creadas cuando un Ser se puso a cantar dichos nombres. Esta lista está lejos de ser exhaustiva. Hay que estudiar estos sistemas culturales y sus maravillosos mitos sabiendo que la supremacía del Verbo es una argucia del instinto del rebaño, para decirlo en términos nietzscheanos. Cuando el Verbo domina el nacimiento de lo nuevo, cuando un texto sagrado domina la vida, sabemos que estamos ante un sistema cultural preocupado por su propia supervivencia aunque sea a costa de lo más bello de la creación. Un sistema cultural fijado en el tiempo y el espacio con verdades eternas y libros sagrados pervive gracias a la vitalidad que expropia de las vidas singulares. Los grupos vampirizan los seres nacientes, se apropian la fuerza afirmativa del nacimiento para ponerla al servicio de la supervivencia de lo no-vivo, de lo no-nacido (del libro, del lenguaje, de la palabra, de los fantasmas kafkianos). Hay que estudiar estos mitos pero no pensar desde ellos. Hay que pensar en movimiento, hay que pensar naciendo, hay que ensoñar pensamientos que se originan fuera del lenguaje.

Según la enseñanza de Frontón, las palabras nunca tocarán el mundo en su estado naciente. La experiencia del nacimiento es infinitamente más vasta que el mundo que ofrece el lenguaje.  Todavía hoy en día, hay gente, y mucha, demasiada, que pretenden que lo que no tiene nombre no existe. Solo hace falta un mínimo de lucidez para constatar que hay un antes al lenguaje. Frontón decía a su ilustre alumno y futuro emperador de Roma que el estudio profundizado del lenguaje tenía como objetivo no ser el esclavo de las palabras. Quien niega el afuera del lenguaje o deniega la posibilidad de su experiencia busca dominar, seducir, reducir, empequeñecer, asustar, aterrorizar. Quien habla con mayúsculas ansía esclavos, discípulos, séquitos, alumnos.

*

Permitir y fomentar que los estudiantes de un curso de investigación del movimiento hablen entre sí es una delicada propuesta. A casi todo el mundo le encanta. Da la sensación a veces que hablar nos entusiasma más incluso que mover. De cierto modo así es. Cuando habla después o dentro de un ejercicio, la gente puede expresarse, comunicarse e intercambiar ideas y opiniones más allá de las memeces que nutren el día a día. Entonces se tiene la sensación que la propia opinión cuenta, que el propio punto de vista es importante. ¿Quién habla, preguntaba Nietzsche, si no es la voz de la consciencia ni el espíritu santo? ¿A quién pertenece el Yo alrededor del cual todo lenguaje se organiza? Los cielos son mudos y nuestra intimidad taciturna. A través de nosotros que hablamos, continuó Nietzsche, es el instinto del rebaño que habla. Y bien se sabe que los rebaños proporcionan un calor adictivo y que todos los grupos ven demonios fuera de ellos mismos. Todos los grupos vampiros dicen lo mismo: la palabra es sagrada y carece de exterior. Conclusión práctica: sométete a los ritos y creencias de tus antepasados o de los antiguos que conforman a este grupo. Así pervive un sistema cultural, ni para bien, a veces para mal.

Hace dos años, en la primera edición del Alma Negra. Festival de Butoh Ibérico en Madrid, un participante se extrañó que ni Matilde Javier Ciria ni yo dejábamos tiempo para que los participantes pudieran dialogar para integrar estas experiencias tan fuertes, profundas, sutiles, intensas, según dijo. Me sorprendió la respuesta de Matilde, me sorprendió estar totalmente de acuerdo con mi amigo. Dijo Matilde: Hablar está bien pero visto el poco tiempo que tenemos, no es lo más valioso que podemos hacer, podemos aprovechar mejor el tiempo que hablando. Hablar engorda el fantasma que crece a expensas de la vida del cuerpo decía Kafka, este fantasma que en otras tradiciones llaman ego superficial. Engordar ese fantasma raras veces es lo mejor que se puede hacer. Solo a veces, muy de vez en cuando, viene bien un caramelito, dejar que la gente hable. Sabe bien en la boca pero sienta rápidamente mal y no nutre nada. Solo a veces, muy de vez en cuando…

*

¿Cómo traducimos esto en la práctica para que cada persona cree un capítulo de una obra común? ¿Cómo hablar sin nutrir los egos?
Cuatro principios básicos para la cocreación en clave butoh.

1. No se opina sobre las propuestas de los demás. No se proponen mejoras.
Crear (y nacer) toma su impulso desde una oscuridad común para pasar a través de un cuerpo hacia un nosotros anónimo, inasible, inaprensible, salvaje. Crear es una espiral que va de nosotros a nosotros a través de mí. Crear es una espiral transformadora.
La persona que propone no entiende de donde le viene la necesidad de su propuesta ni controla hacia donde va. De oscuridad a oscuridad la luz de la opinión es inútil.
Las propuestas destinadas a mejorar una propuesta suelen tener un matiz escénico. No nos interesa la puesta en escena propiamente dicha pues apostamos que el nacimiento es belleza en sí mismo. Hay que pensar en nacer – exclusivamente.
A veces sucede que la mejora propuesta tiene intención terapéutica. Esta terapia – la que mejora las cosas – parte de un juicio (las cosas se pueden mejorar, comparación, lectura y propuesta hacia un mundo mejor…) y nosotros junto a Rhizome Lee estamos en guerra contra todos los juicios, junto a Deleuze luchamos por la justicia que se opone a todos los juicios.
Finalmente, tanto en su matiz escénico como en su matiz terapéutico, la propuesta secuestra la creación del otro para convertirla en un híbrido, lo tuyo pero con un ingrediente mío. Entonces es una creación de una comunidad de egos y ya no una cocreación de mundos. Y suele pasar que son las mismas personas que ofrecen su ayuda a todas las demás, con lo cual acabamos con el mismo tipo de ingredientes en todos los platos. Ayudar a los demás en este contexto y con estas intenciones siempre huele a someter. Tenemos más bien que entender en qué modo la propuesta de esta persona en su integridad, tal cual se formula, es nuestra creación. Tenemos que encontrar aguas comunes subterráneas antes de lanzar puentes por encima de todo.

2. Casi ninguna pregunta ayuda.
Ábrete a las palabras que te llegan. Confía en que entendiste lo que tenías que entender. Confía que si tu comprensión va muy descaminada la persona que propone tomará el tiempo de explicarse mejor para ti. Es tan fácil hacerse él que no entiende para poder hacer la pregunta sabionda. Para cada frase hay miles de interpretaciones posibles, miles de peros, de dudas legítimas, miles de ocurrencias fantásticas cuyo efecto se resume a parálisis, estancamiento, tergiversación. Confía en que entiendes y no seas ni intencionadamente creativo ni promotor de un boicot. Piensa que esta propuesta, nacida de la oscuridad del otro, está hecha especialmente para ti.

3. A la hora de proponer, haz llegar tus palabras al oído de los demás. Que tu voz no se quede en tus dientes. Si sueñas soñarán. Si bebes de la fuente les aliviarás la sed. Habla sin saber adónde vas, tirando del hilo sin anticipar los monstruos que se asomarán. La parturienta no conoce la criatura pero conoce el camino.

4. En todos los momentos, recuerda que no hay error posible y precisamente por eso trata de sacar lo mejor de ti. En estas sesiones comunes donde las demás personas te invitan a su mundo, sé generoso, paciente, abundante, libre.

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