Desplazarse no es moverse, expresarse no es pensar. La libertad como ficción pactada

Pregunta del entrevistador: ¿Qué límites debemos poner a la libertad de expresión, si hay que ponerlos? Si puedes contestar no solamente con ensoñaciones filosóficas pero también con propuestas concretas.

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Ensoñación concreta:

Todo este asunto está planteado del revés.
Nada quiere decir.
Quiero decir…

La libertad de movimiento, por ejemplo.
Hay el marco político y hay lo que evoluciona en su seno y en sus márgenes.

El marco político actual considera el cuerpo y el espacio como dos entidades distintas. El receptáculo espacio acoge individuos – se trata del juego político de la modernidad. Juego agradable y por el momento indispensable pero irreal, una convención, una ficción, un apaño, un mal que permanece menor mientras sabemos que estamos jugando.

En este cuadro, la libertad de movimiento celebrada se entiende generalmente como la libertad de desplazamiento. ¿Qué importan estas espaldas plagadas de contracturas, estas rodillas bloqueadas, estas nucas tensas al extremo, estas vísceras llenas de excrementos estancados y de toxinas y estas mandíbulas crispadas? ¿Qué importan estos cuerpos incapaces, limitados sobremanera, inconscientes, desconectados? ¿Qué importa que apenas nos podamos mover si tenemos garantías políticas que aseguran la libertad de movimiento?

Estamos libres de desplazar nuestros cuerpos en el espacio exterior – más o menos en realidad, pero no entremos en detalles ahora… Libertad de desplazamiento. La libertad de movimiento es una alegría de la cual demasiada poca gente se preocupa.

Existe el marco político democrático que asegura en principio el desplazamiento libre de los cuerpos unitarios e individuales en un espacio común e inerte. Que estos cuerpos gocen o no de una libertad de movimiento, ninguna política puede garantizarlo, como mucho se podría desde la política institucional apoyar y fomentar la libertad de articulación y la flexibilidad de la fibras y la consciencia del volumen sensitivo del cuerpo – cosa nunca vista a día de hoy.

(Entre paréntesis, a propósito de los principios. Ninguna frontera es democrática. Si la democracia es algo deseable, es decir, si es otra cosa que la fuerza del número, que la unión de números y fuerza violenta, entonces ningún límite político al desplazamiento de los cuerpos es justificable. Fronteras: vestigios de antiguos reinos y cuna de futuros imperios que toda política democrática en acto vuelve inválidas.)

¿Qué decíamos?

La libertad de expresión. El marco político en democracia no debería imponer ningún límite a la expresión. Que el espacio sea libre de censura no implica para nada que nuestras voces sean libres de expresarse. Estar libres de desplazarnos no hace de nosotros gente que se mueve libremente. Del mismo modo, estar libres de poder expresarnos no implica para nada que nuestros pensamientos se expresen en libertad. Desplazarse no es moverse. Expresarse no es pensar.

Reducimos la democracia a la fuerza del número y soltamos mierda a los cuatro vientos. Exigimos ser libres para decir lo que se nos pasa por la cabeza pero no nos importa nada que nuestras cabezas sean libres o no. ¿Qué importan estas gargantas rancias, estos nudos en el estómago, estos ojos ciegos, estos pulmones sucios y estas lenguas pestosas? ¿Qué importan?

Resumimos: la libertad es un marco político ficticio, una convención, un acuerdo, un como si… Los cuerpos, los pensamientos y las voces no conocerán nunca la libertad, que es una ficción, sino solamente la liberación, que es una experiencia real. La libertad política ficticia debe estar puesta al servicio de la liberación real.

No hay libertad de movimiento real sino movimientos que liberan. No hay libertad de expresión real sino expresiones que liberan.

No hay individuos reales sino procesos de individuación, no hay libertad sino liberación.

¿Quieres algo concreto? ¿Estás buscando a los esclavos? Mira, se agrupan y se amontonan alrededor de sus víctimas, alrededor del culpable, alrededor del chivo expiatorio. Mira, croan todos juntos que son grandes y poderosos y verdaderos y acabados y únicos y singulares. ¿No los ves? Utilizan la libertad de expresión para expresarse a sí mismos, no se interesan en absoluto por el extraño que habita en ellos y que podría llamarse mundo o vida. Utilizan la libertad de expresión para atarse aun más a sí mismos. No les entusiasma ningún horizonte de emancipación. Nada les entusiasma tanto como su propio reflejo en la pantalla.

Avanzamos en la prehistoria de la libertad.

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