Danzas de( )mentes. Poética de aproximación al subconsciente

Principios2 de Matilde J Ciria y Jonathan Martineau, Alma negra. Foto de Fernanda Carvalho.

El pensamiento respira. El movimiento es su fundamento. Comenzar desde la danza, y no desde la sustancia, tiene la ventaja de poder desarrollarse en prácticas. Por el contrario, la sustancia, siempre fantasmagórica, despliega sus axiomas subyugando el movimiento. La sustancia, los fundamentos estáticos, las identidades fijas, las esencias eternas son ficciones que se agarran a la realidad para someterla y expropiar su energía creadora. ¿Cómo acercarse a lo que hay sin proyectar patrones de dominación? ¿Cómo pensar comprometido con valores de liberación? ¿Cómo acercarse al subconsciente sin ánimos de domesticación?

Hay respiración en el espacio. No es una creencia. Puede que sea un sueño. Pero su experiencia está al alcance de prácticamente cualquiera: el aire entra y sale. Pensar desde el cuerpo debe entenderse de la siguiente manera: todo pensamiento es una experiencia del cuerpo. La palabra cuerpo remite a la experiencia de un mundo y no a un compendio de conceptos anatómicos. La anatomía pertenece a la ideología libresca. El cuerpo entendido anatómicamente es mental, no recoge todo lo experimentable, ni lo explica, ni lo fundamenta. La anatomía es una rama del árbol de la poética. Cuerpo es la experiencia de un mundo. Repito: cuerpo significa experiencia de un mundo. Y mundo, a su vez, es una diferencia entre dentro y fuera. Depositar la atención en el flujo del aire que entra y sale es una profunda práctica filosófica.

La mente aprendiz

No se trata de ir debajo de la nariz a regularizar la respiración, dominarla, encasillarla en cuentas. Se trata de aprender del mundo, se trata de que el cuerpo (como experiencia) le enseñe algo a la mente. Nos acercamos a la respiración con una mente que no sabe. ¿Entrará el aire? ¿Saldrá? ¿Por cuánto tiempo? ¿Por esta ventanilla o más bien por la otra? Una mente aprendiz.

La primera enseñanza de la práctica consiste en darse cuenta que la mente no obedece al sujeto. El yo que resuena con tanta soberbia en el seno del pensamiento no coincide consigo mismo. La verborrea mental obedece a inercias más parecidas a tiranas que a sirvientes. No somos dueños de la mente. El órgano de dominación del mundo se rige por la ceguera. Ahí donde creíamos estar al mando, nos encontramos en una jaula jaleada. ¿Quién nos llevó ahí?

La mente espía

El ojo no puede verse. El lenguaje no puede decirse. El cuerpo no puede comunicarse porque es la comunicación misma. La mente no puede saberse, pero puede sabotearse. ¿Qué pasa en mi cuerpo cuando yo no estoy? Ir hacia la respiración con pies de paloma. ¿Quién respira? Ni cristiana, ni budista, ni atea, ni de este país ni de este otro, ni vieja ni joven, ni mujer ni hombre, ni de derechas ni de izquierdas, ni rica ni pobre. La respiración ni siquiera es humana. Es el mamífero él que respira. El animal puede enseñar la serenidad a la mente. Acercarse a la respiración del animal con una mente que no sabe, que se quiere discreta, invisible. Espío al animal subconsciente no para triunfar sobre él sino para contagiarme de su abundante fuerza.

La mente científica

La respiración es dual: entra y sale. Pero la mente no elige bando: no estoy a favor de la inhalación, no quiero erradicar la exhalación, no prefiero ni una ni otra. Observo. Discreto. Sin hacerme notar. Sin manipular los resultados: una mente científica. Desapegada. Sin identificarme, es la sombra la que respira. Hay una diferencia de temperatura entre el aire que entra y el aire que sale, hay un roce entre el flujo del aire y la piel, un toque, una acaricia. Etc. Mil detalles, mil matices. La experiencia de un mundo abre un territorio inmenso donde perderse.

La mente poeta

Vinimos con la idea de aprender algo del mundo. No para conectar consigo mismo, ni mucho menos con el interior propio. No. Venimos para experimentar la diferencia entre dentro y fuera. Nos dimos rápidamente de bruces con un hecho inquietante: estamos poseídos por un “yo” que obedece inercias ciegas, a menudo adicto al sufrimiento, chantajista, manipulador, vanidoso y otras lindezas. La atención no sabe permanecer en la experiencia del mundo más de tres segundos sin opinar o boicotear. Seguimos enfocando a la respiración, con la actitud de un espía, para ver los patrones mentales desvelarse en su rebelión. Cierta calma relativa aparece con el tiempo, y podemos sumergirnos en la experiencia para disfrutar de su riqueza de matices, distinguiendo cual científico todas las texturas de la resonancia entre flujo de aire y sensaciones.

Hay respiración en el espacio, hay vida exuberante, hay desbordamiento, nacimiento. Puede que sea un sueño. Hay gozo. Para deleitarse de la respiración, invocamos a la mente poeta, la mente que sabe gozar del perfume de una flor sin arrancarla del suelo. Observar la respiración natural sin apropiársela. Es la vida anónima la que respira, y esta vida nos atraviesa. Un poeta embriagado por el nosotros insumiso.

La mente recién nacida

La atención se deposita en el flujo de la respiración, liberándose de su anclaje por detrás de los ojos. No existe el pequeño yo marionetista controlador del cuerpo. Vivir detrás de los ojos es una auténtica pesadilla: sede central del control enraizado en el terror. Liberada de su fijación, la atención se revela como fenómeno espacial: un descanso profundo. La respiración es mucho más antigua que nosotros. Nuestra atención recién nacida yace en el oleaje del aire que entra y sale, en la abuela respiración. Ningún atisbo de control se asoma en el bebé recién nacido que descansa en el regazo de su abuela. Fascinación, admiración, extrañamiento, embobamiento. Una mente que acaba de aparecer en un mundo ya comenzado.

La mente mundo

Al final, para comenzar, ya no estamos ahí y al mismo tiempo estamos más presentes que nunca. La respiración no es propia. La atención no es propia. La mente carece de sujeto (o reconoce que la sujeción es indeseable). Se revela el gran secreto butoh: sean cuales sean tus concepciones de “mente” y “espacio”, estas dos palabras remiten a lo mismo. Mente y espacio son sinónimos. Ningún espacio que no sea un sueño. Y ningún sueño que no sea un paisaje movedizo. La respiración somos nosotros, un nosotros inasible, insumiso, inobjetivizable, intotalizable, innombrable. Somos mundo. Somos cuerpos: experiencias de mundos que son diferencias entre interior y exterior. Somos entretejidos. Somos danza naciente.

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