Una carta de amor

Disuelve las fronteras. Desoye a los dioses. Incumple las órdenes de los patriarcas. No le importa el dinero ni el estatus. No obedece las jerarquías ni la estratificación social. No tiene ojos para el color de la piel. Se vuelca todo el olor. Todo se hace difuso y cierto al mismo tiempo. Un sueño lúcido donde todo resulta ser más vivo, con más brillo, de consecuencias inabarcables. 

Foto de Fernando Ortega Gorrita con la cámara de Raúl Bartolomé, El Cuerpo en su mundo 6, julio 2022.

Entro en el estudio y desaparecen todos mis males. Se me pone la piel de gallina y una media sonrisa se dibuja en mis labios. Compruebo rápidamente la limpieza del suelo. Pongo una luz tenue. Verifico que el aparato de música funciona, pero deseo no usarlo, no hace falta. Me preparo para la performance. Mi escena de predilección es la pedagógica. Llega la gente, cada persona con su vida a cuestas… 

Yo no doy clases. No vienes aquí a recibir nada. Más bien desencadeno una performance colectiva participativa donde vienes a volcarte en el mundo naciente. Jugamos a nacer – a no ser. Pensamos en movimiento y no desde la sustancia estática. Visualizo en secreto una gran burbuja dúctil que envuelve la sala. Primordial: no estamos dentro de la sala sino la sala está dentro del espacio mental que se abre. Con la voz y la poética, con paradojas, ideas y acertijos, con unos gestos simples, con los ojos y los pies, insto a la atención de cada persona a que toque la carne, invito con insistencia a las mentes a penetrar la experiencia directa del cuerpo-mundo. Pues el cuerpo no es sino una antena que percibe el mundo. La mente no es sino un sistema de descodificación que nunca podremos descodificar. No se puede entender el entendimiento. El sueño es más vasto que su significación. 

Mientras nos dejamos caer en un espacio vitalizado, mientras la vivencia de cada cuerpo se intensifica gracias al proceso grupal abriéndose, voy observando los gestos, los huesos, voy soñando síntomas, aprovechando los suspiros. He venido a hacer el amor. Puede que hoy solo queramos sujetarnos de las manos y mirarnos a los ojos para intuir ahí el universo antes de su nacimiento. Puede que queramos desaparecer los unos en los otros, fundiendo nuestros cuerpos en un gran aquelarre de bendiciones. Puede que sea todo preliminar, todo marginal, todo sugerencia. Puede que nos saltemos todos los preparativos y pasemos directamente a los gritos. Puede que volvamos a ser jóvenes o que pactemos envejecer juntos. Puede que ni nos toquemos para sentirnos más unidos que nunca. Terminaremos agotados y deseosos de seguir explorando lo irrepetible. 

No se trata de repetir tú y yo. No se trata de un amor subjetivo. Creo que nuestras vidas son más bien aburridas, más bien insignificantes. No nos engañemos: no hay mucho más que solo esto. Es lo que hay y no vale mucho la pena. Al dejar por un rato de defendernos, de sostenernos, de argumentarnos, de justificarnos, de victimizarnos y de narrarnos para caer en el interior del mundo, para pesar, para sentir, para respirar, para soñar, para viajar, para pensar, para disolvernos surge la fuerza anónima que nos dio a luz. El ser que somos no vale la pena. Su emergencia sin embargo es una absoluta maravilla. No el ser sino su surgir. No el decir sino el rugir. No callar sino escuchar. 

El amor no se ata a ningún nombre propio, no reconoce ningún rostro, repudia todas las banderas y se fuga de todas las identidades. Sales de la sesión enamorados de una existencia que insiste, impropia, anónima, singularmente atravesando a todas las criaturas. Caminas por las calles cayendo hacia el subsuelo. Sintiendo el espacio periférico de la gente que cruzas, oliendo sus sueños, percibiendo el toque de su mirada, viendo sus miedos. Algo gaseoso se desprende desde tus huesos para filtrarse en las rendijas mal cicatrizadas de nuestros caparazones para ir a llenar de misterio un lugar en el pecho donde vive un nadie absolutamente aterrorizado. Tus huesos susurran a las nuestros: Tú también naces. 

Próximas exploraciones butosóficas del Arte de Nacer:

* La Gestación. Ciclo formativo en el Arte de nacer (nueve encuentros prácticos, nueve meses de reflexión)
10-11 de septiembre (Madrid – 4 plazas disponibles) y 17-18 de septiembre (País Vasco – 8 plazas disponibles) 

* Intensivo de Butosofia El Arte de Nacer en Madrid
12-15 de septiembre (horario de tarde, plazas disponibles)
19-22 de septiembre (horario de mañana, plazas disponibles) 

* Clases regulares de butosofia
Solamente los martes de 18h a 21h. Inicio 27 de septiembre.
Las clases de los viernes serán guiadas de la mano excelsa de Nataliya Andru. 

* Aula nostra. Formación de butoh innato (la joya de la corona) 
Inicio 3 de octubre. Plazas para la formación completa y para lunes y martes (miércoles lleno) 

* Intensivo residencial de Butosofia El Arte de Nacer en Segovia
14-16 de octubre

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