Un cajón mágico · ¿Qué es el butoh? Intermezzo

He presenciado la escena tantas veces que ya me deja indiferente. Las primeras veces que oí a un profesor de butoh confesar que no sabía lo que era el butoh, me entusiasmó, pues siento mucha atracción hacia el no saber y los mundos no solamente desconocidos sino incluso imposibles de conocer de manera convencional. Después, a medida que la escena de la confesión de no saber lo que es el butoh se repetía una y otra vez, emergió cierta irritación que ha ido en crescendo con el tiempo. ¿Habrán convertido el no saber en una especie de ritual? ¿Porqué dicen todos lo mismo? No piensan así, de hecho más uno lo tiene bastante claro, y sin embargo repiten “No sé lo que es el butoh” para introducir su clase de butoh como si de un rito se tratase. Se les ve el plumero, pues un cuerpo que no sabe es muy específico. De haber reiterado tantas veces “No sé lo que es el butoh” acaban creyéndoselo, el lenguaje tiene esta manía de convertir en verdad lo que se repite a menudo. Entonces con una actitud muy convencida de lo que dicen, con un cuerpo muy seguro de sí mismo, afirman no saber. Queda inverosímil. Una humildad convenida no favorece la práctica de la humildad que ansía la tierra, del cuerpo que quiere desaparecer en el mundo común. Con el paso de los años me tranquilice, aceptando que los lugares comunes sientan como un bálsamo sobre las inseguridades de cada uno.

marlene

Marlène Jobstl danzando en el Alma Negra. Festival de butoh ibérico edición 40º, Portugal, agosto 2017. Fotografía de Raúl Bartolomé y Marilyn Marques.

En la edición 40º del Alma negra. Festival de butoh ibérico, celebrada este agosto en Agueda, Portugal, hemos organizado una pequeña charla para la cual pedimos Matilde Javier Ciria y yo a los cuatro profesores que nos contasen, a las casi 30 personas que estábamos, su encuentro con el butoh y el nacimiento de su danza. La última que habló fue Marlène Jobstl y nos regaló una metáfora que haré mía, no sin reconocer la deuda.

El butoh ejerce una atracción especial en las personas que intuyen la imperfección del lenguaje y de las formas instituidas. Concibo el butoh como una suerte de anarquismo estético – por ello tomo a los bebés nacientes como maestros. El goce de bailar más allá del bien y del mal, la posibilidad de explorar el movimiento sin caminos marcados y la invitación a entregarse a la (im)propia necesidad convierten al butoh en el país donde impera la libertad con la cual muchos sueñan. Por lo tanto, no es poco común que los maestros butoh tengan reticencias a nombrar su trabajo y a ser profesores y guías. Liderar una rebeldía siempre será paradójico. La rebelión contra los dominantes necesita maestros si quiere pasar el umbral de la impotencia frustrada.

Las dos primeras ponencias, interesantísimas por otra parte, tomaron distancias con respecto a la palabra butoh. Expresaron sus reticencias hacia lo que llamaron la etiqueta butoh. Sí pero no… No pero en realidad sí. Una especie de vals de la tergiversación que no ofrece dirección ninguna. Entiendo y comparto la desconfianza hacia el lenguaje y al mismo tiempo conozco el poder de la afirmación. Hay momentos donde se debe cabalgar a la fiera y tomar las riendas del espacio común cuando nos ha sido confiado. Quien es incapaz de dudar de sí mismo es un imbécil. Quien no sabe afirmar nada es una víctima de la duda. La duda es una herramienta poderosa pero como modo de ser genera desidia. Y apareció Marlène: “Yo sí hago butoh!”

Entre aspavientos y deliciosas idas de olla, Marlène preguntó con ojos desafiantes: Si los que practicamos butoh rehuyamos de la etiqueta, ¿quién le pondrá contenido de calidad a la palabra? Y continuó más o menos de la manera siguiente…: Sí, butoh es una etiqueta y no tiene sentido etiquetar las prácticas que dan vida al butoh. Pero el mundo es así, la mente es así. Necesitamos cajones, poner las cosas en su sitio. Cuando me preguntan qué hago, contesto ¡Hago butoh! Una etiqueta, un cajón, perfecto, estamos tranquilos. Pero yo sé que es un cajón mágico, abres el cajón del butoh y es infinito, carece de paredes, de fondo. Que me etiqueten, vale, lo harán de todos modos. Pero esta etiqueta es un bien precioso, éste es un cajón que debemos de cuidar, asumiéndolo, encarnándolo.

¿Piensas que estoy en este cajón? ¡Sí, pero en este cajón nunca me encontrarás! Butoh es la vestimenta de las personas que viven desnudas. Es la etiqueta que cuelga de los cuerpos perdidos en una creación perpetua. Es la respuesta de las mentes que interrogan. Es la realidad para las personas que sueñan.

Compartí en primavera ocho definiciones breves del butoh. Compartiré este otoño ocho más, pintando las paredes de un cajón que carece de ellas no para delimitarlo sino para que resuene el eco de lo abierto.

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