Danza lo que eres

En agradecimiento a Patricia Cabrero Ruiz

Teníamos menos de treinta años, todas nuestras posesiones cabían en un macuto grande, vivíamos sin móvil ni reloj y atacábamos los días sin conocer su nombre, decíamos que sí a todo, no teníamos dinero y esta condición nos permitía viajar durante meses, años, ducharse era un lujo, nunca nos faltaba el alcohol ni los amigos con quien bebérselo, combinábamos sin gran dificultad los amaneceres para concluir fiestas con los madrugones necesarios para alguna que otra salvajada. No recuerdo si fue en los Pirineos, en Dinamarca, en Austria, en Salento, Marsellas, París o en el Rif, pero la escena me quedó grabada: este hombre no jugaba con las masas, no puedo decir que hacía malabares. No hacía trucos sino acaricias, no podía fallar pues todo se insertaba bellamente en una improvisación continua. Se llamaba Walid y los malabares, para él, eran una danza.

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Patricia Cabrero Ruiz en el Granada Impro Festival, 2009.

Escribí en 2004 un pequeño texto burlón titulado Metafísica de los malabares. En esta época, no había oído hablar de Fritz Morgenthaler, psicoanalista y malabarista profesional, ni Sloterdijk había hecho su propuesta de introducir clown en el cursus filosófico estándar. La metafísica de los malabares no argumentaba con autores ni se ubicaba con relación a doctrinas establecidas, ni siquiera tenía referencias, tal vez inspiración, Nietzsche, Badiou, Camus y Foucault. Esta metafísica nacía de una experiencia, asequible a cualquiera que se proponga lanzar objetos en el aire durante largos períodos de tiempo. Argumentaba alrededor de tres pilares muy simples que no se presentaban como argumentos o intuiciones sino como verdades experimentadas, vividas, asimiladas, y auguraba que estos tres pilares tenían el potencial de desencadenar una revolución tanto política como espiritual. (1) Hay un sexto sentido, no místico sino material, sin el cual es imposible explicar cómo un malabarista puede atrapar una bola detrás de su espalda. Este sexto sentido podría llevar el nombre de pensamiento. (2) El tiempo uniforme y convencional no existe. La temporalidad es elástica y se despliega por flujos, intensidades, ráfagas, claros, densidades. Cualquiera que haya pasado de tres a cuatro pelotas, de cuatro a cinco mazas, de cinco a seis aros, conoce estos umbrales más allá de los cuales los objetos empiezan a flotar y donde otros ven velocidad en realidad se trata de serenidad. Sosiego de quien sabe que hay más tiempo del que aparenta. (3) El espacio es todo menos vacío. No existe un receptáculo conteniendo seres y objetos sino una continuidad espaciosa de la vida y otros reinos.
Estos tres pilares confluyen en un punto, donde el pensamiento crea el espacio donde sucede el movimiento que es el tiempo mismo. Sin vida pensante no hay mundo. ¿Te imaginas?

Pasaron muchos años, muchos kilómetros, muchos rostros, muchos soles, y seguí soñando con ser pirata en la vida cotidiana por un lado y llegar a una profundidad extraordinaria en la crítica de las mentiras que nos dominan por otro lado. En 2008 le vi bailar los malabares. En 2009 tenía las articulaciones de los miembros superiores como las de un hombre de 70 años. Me acerqué a la Bombonera en Granada a una clase de danza contemporánea. Fui feliz enseguida pero no fui consciente de la suerte que tuve de aterrizar bajo la guía de Patricia Cabrero hasta algunos años después, cuando ya había conocido unos cuantos profesores que si hubiesen sido los primeros me hubieran mantenido lejos de la danza por tres vidas.

Aquí, en las clases de danza de Patricia, se explora con el cuerpo entero lo que en filosofía se especula que debería de ser explorado. Aquí va en serio, y ¡qué gusto!.. Puedo hacer malabares con el cuerpo, es decir jugar con el tiempo y el volumen del cuerpo, de los miembros, articulaciones, huesos. Realmente se puede pensar con el cuerpo. Una vez Patricia me dijo: Eres grande Jonathan, sé grande. Deviene quien eres, el programa de la filosofía occidental desde Pindare, ¿no llama por sí solo un entrenamiento filosófico danzado? Patricia se refería al volumen del torso y la longitud de los brazos. Pero, el espacio del cuerpo, ¿no es la consecuencia del pensamiento, y viceversa? Después de algunos meses, volviendo a nacer, fui invitado a participar en el colectivo Enclave, aún embrionario en esta época. Pero estás loca, le dije a Patricia, yo que confiaba en tu juicio, no soy bailarín, no me invites ahí. No, contestó, tú vienes como filósofo. A partir de este momento, la metafísica de los malabares, ya sin macuto, estaba destinada a dejar de ser una burla para mutar en sarcasmo (pensamiento que toca la carne). La butosofia era inevitable.

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