Mindflatness. Cuando todo es uno y la vida una mierda

Respira. Observa el aire entrar y salir. Relaja. Deja que el aire salga y entre por sí solo. Confía en tus apoyos sobre la tierra. Encuentra el grado mínimo de tensión para no abandonarte y sin embargo tener la sensación de vacío, volumen y espacio dentro. No pierdas la concentración. Relaja la mano. Tu dedo toca el gatillo y el gatillo de vuelta toca a tu dedo. Eres uno con el fusil. Escucha. Escucha bien el momento, aquí y ahora. En un instante eterno, fuera del tiempo, aprietas el gatillo. El cuerpo del enemigo cae muerto. No abandones la atención. Sé mindfull. La respiración, el grado de tensión, la relación con la tierra, tu lugar de origen y tu futuro destino, sé uno con el mundo, sé uno con todo. Sé mindfull, de otro modo el demonio de la culpa te clavará sus garras en la garganta, la duda se lanzará sobre tu cabeza como una arpía, la depresión carcomerá tus entrañas. Y costarás mucho dinero al gobierno que sirves. Sé mindfull, en esto consiste servir.

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Alma negra. Festival de butoh ibérico, edición 0, 2015. Fotografía de Raúl Bartolomé.


El entrenador de francotiradores en American Sniper de Clint Eastwood cultiva el mindfulness y el protagonista que este entrenador prepara se jacta de ser el arma viva más letal de la armada americana. Los cursos de mindfulness constituyen desde algunos años una parte esencial del foro económico de Davos, donde la élite mundial se reúne para pautar la esclavitud del planeta. Los ejecutivos de Coca-cola o de Amazon tienen sesiones de silencio y mindfulness antes de las reuniones donde decisiones importantes deben tomarse. El yoga, la meditación, el fitness, la comida sana hacen parte de la higiene vital de los servidores de un sistema de explotación mundial, explotación del planeta, de la fauna y la flora, de las personas y sus relaciones. ¿Qué importa que todo sea absurdo y violento? Solo hay que repetirse cual mantra que todo es uno y así evacuar la inquietud por el sentido.

No hay posibilidad de vivir sin pensar. Alojarse, nutrirse, comunicarse (aunque sea el diálogo del místico con dios) y más aún desplazarse exigen que el cuerpo organice el espacio exterior y el espacio interior y esta organización es ya un pensamiento. La filosofía por su lado es un lujo gozoso donde la reflexión riza el riso en torno a los procesos de pensamiento y de organización. Todos piensan, pocos filosofan, y es perfecto que sea así – que todos piensen.

Gilles Deleuze aseguraba que la filosofía, por su mera existencia, impide que la estupidez se convierta en un imperio totalitario. Para Deleuze, la estupidez no es propia de la persona de comprensión lenta sino de quien entrega su pensamiento a ideas nocivas para la creatividad del pensar y destructoras para el mundo compartido. Estúpido es quien no abre su pensamiento a la presencia del otro y su fuerza movilizadora. Estúpida es la inteligencia involucrada en dinámicas que encierran el mundo, que bloquean el acontecimiento transformador y el nacimiento de lo nuevo. La estupidez se opone a la creación. Y es de suma importancia aquí comprender la creación como creándose, creación es crear en el acto. La creación entendida como algo creado y terminado, que haya ocurrido en el pasado, solo puede desencadenar degeneración. La creación, cuando está bien pensada, genera y da a luz. Ningún lugar fijo para nosotros: generación o degeneración, y numerosas veces la una en la otra.

Necesitamos ideas y concepciones capaces de sacarnos del letargo y del estresante movimiento que tiende a paralizar el mundo en su estado actual. Para ello, necesitamos maneras de pensar que se puedan aplicar a la vida o, mejor dicho, necesitamos que nuestros pensamientos tengan que ver con la vida que experimentamos. Necesitamos poder vivir cómo pensamos y viceversa. Estoy sensible al poder del ideal, a la fuerza de transformación inherente al pensamiento de cosas que no son. Un poeta independentista de mi tierra decía a su gente: queremos una bandera pero no tenemos mástil, necesitamos fabricarnos un mástil. Soñar tiene que relacionarse con la realidad material. El ideal tiene que ofrecer una dirección al caminar. Necesitamos ideas que podamos vivir. De otro modo, las ideas sin caminos y las banderas que ondean en el no-lugar de la abstracción pura solo nos desconectan, nos abducen, nos limitan, nos hipnotizan mientras entregamos nuestra existencia a la degeneración de la vida.

Es imposible vivir pensando que todo es uno. Crear, dicen los libros sagrados, es separar (la luz de las tinieblas, las aguas de la tierra, el día de la noche, etc); pensar es distinguir, diferenciar, matizar; generar, para nuestras células, es dividir. Todo es uno es el pensamiento estúpido por antonomasia. Pues, como ejemplifica el coreano Byung-Chul Han, una computadora es estúpida a pesar del gran número de datos que puede procesar en un instante sencillamente porque la máquina no puede abrirse al otro, no puede vacilar, dudar, no tiene que leer entre (inter-legere, inteligencia). La máquina genera movimiento acelerado dentro de sus parámetros. Por el contrario, la inteligencia entra en escena cuando los parámetros fallan, cuando no hay guía clara que seguir, cuando no hay ningún procedimiento establecido que valga. Hay un riesgo de ver la inteligencia asomarse cuando alguien se pone en juego sin conocer las reglas. Todo es uno es la antítesis de la alteración, de lo otro, del entre, de la diferencia, de la apertura. Decir que todo es uno es un pensamiento estúpido incluso podría parecer una exageración, pues ni siquiera es un pensamiento, y no es raro que la idea de que todo es uno vaya acompañada con el mandamiento de aniquilar la mente. Sin embargo, pensar es distinguir, diferenciar, comprender, leer, analizar, sentir, percibir, mover, nacer, viajar, soñar. Pensar conecta lugares, pensar toca el mundo. Conectar y tocar suponen y exigen la separación.

*

Peter Sloterdijk, en Globos. Esferas II, especula a partir de estudios arqueológicos que las antepasadas de las democracias actuales eran merdocracias. La necesidad de no defecar donde se bebe el agua es la que forzó distintos grupos humanos a organizarse políticamente. Había que ponerse de acuerdo o perecer todos. Gestionar entradas y salidas, en mil sentidos, es lo esencial de la vida y nada sale ni entra en el todo es uno.

Quien piensa que todo es uno, si quiere vivir como piensa, cosa urgente hoy en día, debería dejar la puerta de su casa abierta continuamente, debería comer donde caga y, ¿porqué no?, comer lo que caga – lo hace Uróboros, la serpiente que se come la cola y símbolo de la eternidad. Cuando todo es uno ya no hay familia, amigos, parejas, no hay arriba y abajo, no hay tiempo en la eternidad. Nada es tuyo. Nada dura. Ningún compromiso, ni sueño. Nada de sentido ni dirección. Todo es uno es la confusión mental hecha carne – mejor sería no pensar efectivamente…

El mindfulness, que deja bien claro en qué idioma hay que no pensar, lo allana todo en una gran ausencia de diferencias. Mindflatness. En su versión comercial, el mindfulness lo llena todo de una atención acrítica, incapaz de generar diferencia, de apreciar la injusticia, de ofrecer una dirección, de negarse, de valorar y de despreciar. El mindfulness resulta fantástico para quienes piensan como máquinas, sin abrir oído a lo radicalmente otro – pues en el fondo, dicen, todo viene de la misma raíz. Más concentrado, más eficaz, más claro, menos estresado, menos tenso, y a llenar el mundo de Coca-colas y drones de Amazon. El mindfulness es una herramienta fabulosa para quienes se entregan gozosamente a su propia instrumentalización, cultivando una pequeña isla de serenidad en el seno de la resignación. La pesadilla que vivimos consiste precisamente en que algunas herramientas y tecnologías han sido elevadas al lugar ocupado antiguamente por valores trascendentales. Las técnicas de presencia pueden servir cualquier valor y a través de ellas florece cualquier idea. No pensar, apagar la mente y convencerse de que todo es uno solo nos convierten en una eficiente correa de transmisión de los valores más poderosos del momento. Y, hoy en día, urge una crítica radical experimentable a los valores que nos movilizan.

El ser no es, ni uno ni nada, el ser nace. Quien habla de nacimiento señala fuerzas que se encuentran, conflictos, aperturas de labios, caos, relaciones. Precisamos pensar(nos), junto a Pessoa, Badiou, Nancy, Sloterdijk y muchos otros, en tanto multiplicidad-sin-uno, espacio abierto, apertura que no existe sin distancia, apartamiento, dis-posición, ex-posición, desgarro. Un nosotros sin totalidad. Un entre abundante. Una salida efusiva que crea el espacio en su movimiento. Solamente así nuestra presencia puede ponerse al servicio de ideales hacia los cuales merece la pena encaminarse, solamente así somos dignos de la creación.

*

Es que todo es amor, se exclama la otra.
De acuerdo. Entonces recordemos estas sabias palabras de Chogyam Trungpa: Ten cuidado de concebir el amor como si fuese una miel. La miel solo es buena por una cucharada, después resulta empalagosa. Este amor es pegajoso. El amor verdadero es un fuego. Asegúrate que el amor que cultivas pueda quemar.

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