Río arriba de los cuerpos

Todo es eco en el Universo.
Gaston Bachelard, El agua y los sueños

Ir hacia el origen. Ir al cuerpo para comprender mi experiencia del mundo. Ir a las sensaciones para contemplar el cuerpo en ciernes. Ir a los sueños para conocer el secreto – el secretar – de las sensaciones. Imaginar que hay un antes a los sueños y dejar de comprender.
¿Puede realizarse este viaje río arriba de los cuerpos y de las identidades no en una soledad mística sino tal como vivimos, en grupo?

Espaciopropio_2.2016-10

Tre3, marzo 2015. Fotografía de Raúl Bartolomé.

El cuerpo es una construcción mental tardía en la historia de las experiencias de una persona. Hay campos de sensaciones y resonancias espaciales mucho tiempo antes que una imagen corporal y una elaboración conceptual compleja cuajen para que el cuerpo emerja.
La materia, afirma Bachelard en El agua y los sueños, es hija de los sueños. No podremos entender nada a nuestro cuerpo si no partimos de la base que nuestro entender es siempre un soñar. Nuestro entendimiento es una reducción de la complejidad de nuestro soñar. Bailar y realizar acciones son antes que nada dos imágenes en interacción: una representación mental del espacio y otra del cuerpo se entrelazan. Danzar en el sentido más noble, según Mary Wigman, funde la representación del espacio y del cuerpo la una en la otra. Entonces aparece algo así como el sentimiento, entonces quien danza es el espacio. Podemos y debemos entender la expresión quién danza es el espacio en dos sentidos: la persona que danza se siente parte del espacio y en la persona que danza es el espacio el motor y el sujeto de la danza.
Me interesa indagar en el sustrato de la representación corporal y espacial. Hemos hecho, en las tres últimas semanas, experimentos que implican ablandar o idealmente abandonar la representación corporal. Obviamente la costumbre profunda y la necesidad de construir una imagen que entendemos como propia continúa su marcha. Sencillamente elegimos poner el foco en otra parte.
Utilizamos un modelo del budismo para analizar la mente aunque sea de manera superficial. Dividimos la actividad mental en cuatro momentos, en cuatro tipos de mente: (1) sentir, (2) reconocer, (3) enjuiciar, (4) reaccionar. Ejemplo: (1) Una sensación auditiva (2) me hace pensar en un perro, (3) animal que me encanta, y (4) giro la cabeza acercándome.
Estas cuatro mentes, podríamos caracterizarlas así: (1) vida, (2) humanidad-lenguaje, (3) cultura y mundillo, comunidad de valores-juicio, (4) yo. El yo tiene cuerpo. No tiene cuerpo quien no tiene lenguaje. La ilusión que debemos abandonar para bailar butoh consiste en pensar el yo como origen. El yo es siempre un patrón de reacción (una combinación de múltiples patrones, no siempre coherentes entre sí, nunca coherentes entre sí), nunca es primero. Dedicamos dos días a poner la reacción entre paréntesis para liberar nuestra energía con el fin de profundizar en las sensaciones. Sentir necesita ejercitarse. Si la sensación antecede al yo, entonces el yo saldrá realzado, ennoblecido, embellecido del trabajo de profundización en las sensaciones – y poroso al mundo, dúctil al acontecimiento.
Hay un (0) antes de la (1) vida-sensación. Puede que haya. El butoh comienza cuando un oído se dirige hacia el (0), cuando una parte de la atención se encamina río arriba de los cuerpos. Las sensaciones, ecos del pasado, nos permiten encontrar imágenes que estructuran nuestra visión del mundo (y de nuestro cuerpo, de nuestra vida). Estudiar la dinámica de la imaginación, como lo plantea Bachelard, supone reubicar, como debido, las imágenes antes que las ideas y la materia. La razón es una ramificación de la capacidad imaginaria. Cuando, como sucede muy a menudo, la razón quiere oponerse al mito, al sueño, a la fantasía, cuando la razón se corta de la imaginación entonces se seca o se pudre cual rama caida sobre el suelo, sin contacto con el subsuelo del cual sin embargo saca sus nutrientes.
Hemos investigado nuestro cuerpo en función de tres capas – piel, músculo, hueso – antes de proyectar la idea de capas a la infancia, madre, padre, feto, ropa, sala, cerebro, sangre, etc. Por último, hemos explorado la división de las sensaciones en función de la división de las aguas que realiza Bachelard en aguas maternales, eróticas y violentas. Durante dos meses hemos puesto en duda la materia de nuestro cuerpo y hemos explorado cómo nos podemos relacionar no cuerpo a cuerpo sino sensación a sensación (intuición a intuición, sueño y sueño, solipsismos compartidos, resonancias incomunicables). Toca empezar a mover este cuerpo medio desaparecido. Moveremos, eso sí, no para volver renovado, sino para acercarnos un poco más a la fuente, de la cual, escribe Bachelard, brotan todos los recuerdos.

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