Subcuerpos · Semana 3

Iniciamos la clase afinando la herramienta del escáner del cuerpo para despertar la imaginación corporal. El tránsito por el espacio naciente supone que nuestra atención se haga cada vez más sutil y más sensible, en el seno de un espacio cada vez más vivo. Podemos sutilizar la mente si al escanear el cuerpo visitamos partes y zonas cada vez más pequeñas. El brazo se hace parte superior, codo, antebrazo. Luego el antebrazo se divide en tres partes que tendrán cada una su cara posterior, anterior, superior e inferior. Y así, dividiendo el cuerpo, la mente se hace más precisa, sensible, sutil y concentrada.

A su vez, es importante resaltar que no escaneamos tal o cual parte del cuerpo sino las sensaciones presentes en esta parte. Puedo pensar en mi mano y ciertas neuronas relacionadas con mi mano se activarán. Puedo pensar en mi espalda y en mi cerebro se excitarán ciertas neuronas responsables de la zona de la espalda. Limitándome a pensar en las partes del cuerpo despierto la imagen cerebral que he construido de mi cuerpo. Necesitamos las sensaciones porque nos son desconocidas. Necesitamos las sensaciones para que emerja imágenes nuevas. Conozco mi mano pero las sensaciones que en ella se manifiestan cambian continuamente. Puedo pensar en mi mano – algunos dicen sentir su mano pero confunden sentir y pensar pues no podemos sentir una mano como tal sino solamente sensaciones – pero interrogar las sensaciones presentes en la zona de mi mano es totalmente diferente. Encaminados hacia las sensaciones aflojamos todas las imágenes fijas, transformamos el cuerpo en un campo. Enfocando la mente hacia las sensaciones nos lanzamos hacia lo desconocido. Vamos hacia lo íntimo que encontraremos en un mundo común, en campos comunes.

Las sensaciones nacen. Aparecen para desaparecer. Chorrean. Se vierten en el espacio. Resuenan. La sensación que capto ya ha desaparecido y aparece otra nueva que desaparece inmediatamente. Así, millones de veces por segundo. Al observar las sensaciones sin estímulos nuevos ni generar nuevos contactos empezamos a ver el pasado emerger. Las sensaciones que aparecen cuando solamente observamos nacen de las experiencias acumuladas, de las memorias en reserva. Las sensaciones están presentes en todo momento; si no generamos nuevas sensaciones se manifiestan las cosas acumuladas, las memorias pendientes. Estamos envejeciendo ahora mismo (este pensamiento ayuda a permanecer joven). No envejecemos cada año sino cada momento. Chorreamos y nosotros, buteando, buceando, vamos río arriba.

A través de la mente abierta que escanea el cuerpo podemos verternos en el espacio. Los subcuerpos empujan en los más profundo del inconsciente. Se manifiestan en tal o cual sensación. Poner nuestra mente abierta para que esta sensación se intensifique, se desarrolle, es como abrir el grifo para que el agua salga, es como abrirse para dar a luz a algo muy íntimo que sin embargo no somos.

Todo lo que siento ha desaparecido. Todo lo que muestro de mí, todo aquello de lo cual me hago consciente, todo lo que bailo, ya no soy yo, o ya no es yo. Sólo nos conocemos a nosotros mismos bajo la modalidad del adiós.

Pascal Quignard piensa la intimidad en el prefijo sui que encontramos en la palabra suicidio. A raíz de su trabajo, en mi tesis forjé el concepto sui mismo para seguir las ideas de Nietzsche alrededor del sí mismo. El sí mismo nietzscheano lleva a confusión porque este sí mismo nunca es uno mismo, siempre es más vasto que el individuo y su narración personal. El individuo es la punta del iceberg que es el sí mismo. Ser sui mismo significa nunca identificarse con ninguna imagen, ninguna sensación. No hay ninguna esencia personal en todo lo que siento ni en todo lo que pienso. Siempre hay oscuridad obrando en nosotros, siempre nos movemos desde lo desconocido. Lo que entiendo de mí ya no soy. Nietzsche escribió: “Cuando la voluntad de verdad se hace consciente de sí misma, la moral se derrumba.” Cuando mi movimiento es consciente la imagen del mundo cae. Hay un punto ciego en nuestra visión. “Hay un antes a la verdad.” (Quignard) Hay una oscuridad obrando en el espacio naciente. Aprendemos a bucear en ella. Exponemos la intimidad que no somos pero nunca estamos muy lejos. Ponemos nuestra sombra en primer plano y justo por detrás estamos tomando nota de lo que sucede, de los caminos, de las tendencias, de los patrones, a la imagen del Fenómeno de Remedios Varó. (Agradezco a Ana Pol Colmenares haberme señalado muchas de las imágenes que utilizaremos estas semanas.)

Fenomeno-vi

Hicimos un ejercicio muy sencillo para calentar el movimiento que permite aunar atención precisa, cuerpo y espacio. Sentir el espacio a través el cuerpo. La semana pasada trabajamos la aplicación de imágenes en partes y detalles. Esta semana aplicamos imágenes al cuerpo entero. Os he propuesto algunas y habéis cosechado unas cuantas propias. Finalmente hicimos un pequeño teatro, con una estructura básica. En otra ocasión reflexionamos sobre la exposición y su porqué en una investigación butosófica. Lo que mostramos en escena es lo que dejamos de ser. Lo que no somos. Hijikata consideraba la escena como una mesa del sacrificio. Si el butoh es la danza de la sombra, la danza de las realidades replegadas, escondidas, enterradas, la butosofia solo le añade el arte de manejar el cuchillo, el escalpel, la navaja. Hundirse en sí mismo precisa de una atención delicada, sutil y penetrante. (Placa atribuida a Nicolás Béatrizet, aparecida en la obra de Juan Valverde de Amusco, siglo XVI.)

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