Imaginacción: la imagen como acto material · Semana 2

En la primera semana del Seminario de butosofia hemos trabajado el cuerpo y sus posibilidades extrañas de torsiones, distorsiones y transformaciones varias. Pusimos esta investigación en relación con la respiración. Gracias a la observación del flujo del aire nuestra mente podía viajar por debajo de la piel, en nuestros tejidos y sensaciones. En la segunda semana del Seminario nos hemos centrado en el segundo pilar de la práctica: la imagen.

La utilización de las imágenes en el butoh no es algo específico de esta disciplina artística. No hacemos algo nuevo sino que prestamos atención a algo que sucede constantemente, día y noche, y que de cierto modo emana de nuestro cuerpo: la representación mental del espacio. Cualquier movimiento implica la construcción mental de una imaginería espacial. Alcanzar la taza de té para traerla hacia mis labios es una operación compleja. Para llevarla a cabo construyo un espacio simplificado, estimado, un esquema mental que me permite desenvolverme en el mundo y llevar a cabo tareas más o menos complejas. Rascarse, caminar, acostarse, hablar, todas estas actividades suponen el recurso a imágenes corporales y espaciales elaboradas mentalmente. Nuestros hábitos, nuestras relaciones – especialmente las más íntimas, hijas, novios, padres, amigos, nuestros deseos y rechazos, nuestros impulsos y reflexiones, toda nuestra vida se entreteje con imágenes.

Trabajar con imágenes es el pan de cada día de todos nosotros. Muchas de estas imágenes son inconscientes, algunas las pensamos incluso bajo el nombre de verdades. Un amigo fue a jugar al baloncesto después de 15 años sin jugar. Se emocionó al constatar que su cuerpo recordaba como jugar. El baloncesto, como la bicicleta, no se olvida. Mi amigo se hizo una triple fractura de la tibia en una jugada tonta; la imagen corporal que utilizó inconscientemente no estaba al día. El conflicto entre su realidad corporal de hoy y el esquema mental del espacio al que recurrió espontáneamente se materializó en sensaciones intensas, gruesas y dolorosas. Subirse a unas escaleras automáticas paradas es otro modo de vivenciar la presencia de las imágenes en nuestros andares cotidianos. Vemos que la escalera está desactivada pero aun así al subirnos a ella una sensación de extrañeza incluso de mareo nos invade. Por experiencia, es decir por memorias acumuladas, hemos forjado la imagen de esas escaleras en movimiento. Cuando nos subimos a ellas y están paradas, la realidad sensorial contradice la imagen mental y experimentamos este desencuentra como vértigo, mareo, incomodidad. El hecho de que ver a priori la escalera parada no basta para ahorrarnos el mareo pone en evidencia que las imágenes espaciales que utilizamos constantemente obran inconscientemente, se enraízan en lo más profundo de la oscuridad del cuerpo.

Trabajamos con imágenes con el objetivo de liberar nuestro cuerpo de ideas fijas, de imágenes déspotas, de memorias sepultadas en los tejidos que afectan nuestra cotidianidad como el guisante bajo el colchón de la princesa que le afectaba el sueño. Estamos condenados a imaginar pero no a ser víctima de las imágenes. El trabajo que llamo imaginacción consiste en aplicar imágenes en partes del cuerpo, en la totalidad del cuerpo o en una de las siete dimensiones del espacio según Rhizome Lee y observar cómo la acción de imaginar afecta las sensaciones físicas presentes en mi campo corporal. El objetivo de este trabajo es liberar la mente de sus ideas preconcebidas acerca de lo que puede ser, lo que puedo captar en mi cuerpo, etc. Es abrir la mente a una realidad tan libre como la de los sueños. Es tener la mente abierta a otros espacios.

La imagen es un acto, escribe Georges Didi-Huberman en Phalènes, y tomar medida de la relación entre imaginación y realidad material es un acto de rebeldía política. La manera en la que imaginamos el mundo y nuestros cuerpos crea el mundo y esos cuerpos. El que piensa que no imagina el mundo y su cuerpo confesa sencillamente que asume la imagen del mundo y del cuerpo socialmente impuesta. Nosotros trabajamos con una actualización de la clásica oposición entre cuerpo y mente formulada de la manera siguiente: sensaciones (cuerpo) e imaginación (mente). Siempre hay sensaciones y la realidad material de la sensación tiene su anverso en las imágenes, memorias, fantasías, sueños. Siempre que aplicamos una imagen estamos atentos a la resonancia física, a las modificaciones materiales a nivel de sensación. Siempre que exploramos las sensaciones lo hacemos con la mente abierta a las imágenes, sueños y memorias. De este modo construimos un continuum entre la mente y el cuerpo y nos liberamos del yugo del dualismo excluyente. Llegamos a espacios donde nuestras sensaciones parecen imaginadas y nuestras imágenes automáticamente encarnadas. Kazuo Ohno nos invitaba a bailar con nuestra alma, Susan Klein con nuestro espíritu. Bailamos en un espacio continuo que va de las rocas a las nubes, de la sangre a los sueños, de los ojos al bardo del budismo tibetano.

Con estas dos semanas, con estos dos pilares introducidos, cuerpo como masas de sensaciones y mente como imaginación en acto, podemos continuar explorando la idea de un surrealismo de la carne, título dado a una retrospectiva del trabajo de Tatsumi Hijikata y que guía nuestra experimentación de este trimestre.

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