Semana 5 · Cuatro mil millones de años

Semana 5 · Cuatro mil millones de años

 

1. Llegamos

Tenemos el movimiento del aire, una relación con el espacio y memorias sensitivas. Llegamos al lugar preguntándonos por el modo en qué pertenecemos al espacio. No es necesario repetir exactamente todo el proceso. Nos vamos conociendo. El aire entra y el aire sale, y al salir y al entrar roza la nariz, en el roce se puede apreciar una diferencia de temperaturas entre el aire que entra y el aire que sale. Llegamos al lugar y directamente la atención se dirige al lugar adonde llegamos la última vez. Igual con el proceso de investigar las zonas del cuerpo en contacto con el suelo: un sondeo rápido de las zonas, luego una cartografía precisa, con un registro de las distintas sensaciones, etc.

 

2. Estudio de la pertenencia al espacio – de pie

Hemos repetido el camino, la respiración, los puntos de contacto con el suelo. Pero esta vez de pie. La bipedestación es una tecnología relativamente reciente, es algo frágil e inacabado. Nuestra columna y todo nuestro sistema esquelético-muscular no ha terminado de adaptarse a la nueva situación. Al observar cómo nuestro cuerpo pertenece al espacio cuando estamos de pie, sensaciones de dolor e incomodidad se manifiestan más de prisa y con mayor intensidad.

 

En el diálogo con la gravedad hay tres elementos: un suelo, un cuerpo y un testigo.

¿Cuál es el testigo? me parece una pregunta fascinante, y ¿dónde está?

Hemos escaneado el cuerpo desde la tapa de la cabeza a la planta de los pies, parte por parte. Luego hemos escaneado el cuerpo pero al bajar contemplamos los dos brazos al mismo tiempo, comparándolos, las dos piernas, etc. Ahí donde fue posible, hemos visto que el testigo puede tomar en cuenta más de un punto.

¿Vive detrás de los ojos la atención? ¿En el pecho? ¿Se desplaza cual camera alrededor de las partes observadas? Hemos, por un instante, observado el observador.

 

3. Los huesos flotan

Con una sutil presión de las manos sobre los hombros de la compañera, sutil presión que hemos abandonado repentinamente, hemos experimentado de manera más concreta la sensación de flotación. Toda la cuestión consiste en conseguir una bipedestación que no sea un alejamiento del suelo sino una entrega. Utilizo la gravedad para exponerme al mundo en lugar de construir un sujeto que lucha (en balde) contra la gravedad. Cuanto más llego al suelo más floto.

El sujeto vive en los músculos. Buscamos una experiencia del espacio que no esté determinado por la diferencia entre muerte y vida. Concebir la vida como lucha contra la muerte resulta, si miramos fríamente nuestra situación biológica, tan vano como luchar contra la gravedad. Luchamos para abrazar el mundo, para una manera de habitar el espacio que no esté enfrascada en el modelo de la lucha y la dualidad.

“Bailar es hacer el amor a la vida.” – Kazuo Ohno

“El butoh es una guerra a muerte contra el juicio humano llevada a cabo en el propio cuerpo.” – Rhizome Lee

Si la piel, los músculos, las vísceras se derriten hacia abajo entonces emergen los huesos, el esqueleto (símbolo de la muerte) se hace vivo y presente y crece hacia arriba.

Simone Weil decía que es entregándonos al mundo de las fuerzas, cuya reina es la gravedad, y sumergiéndonos totalmente en él que podemos conocer algo que se desprende y recorre el camino inverso. Cuando me sumerjo en el mundo de aquí abajo algo se eleva, es algo Simone Weil lo llama amor.

Nuestra investigación está enraízada en la realidad física, real y materialista. Al hablar de amor y de oscuridad tratamos no con conceptos místicos sino que realidades palpables. O, como dice Peter Sloterdijk, hacemos una mística racional.

El mundo invisible existe. Los huesos existen y no se ven (con excepción de los dientes y de las situaciones extremas). Una fuerza, concepto central a la ciencia contemporánea, no se ve. La gravedad es invisible.

 

4. Entre yo y mis huesos

Hemos escuchado la gravedad, escaneando el cuerpo de la cabeza a los pies, hemos esperado a qué la señales (sensaciones) crezcan. Cuando era ya insostenible, hemos permitido que se modifique la bipedestación. Entre la vida diaria y la libertad del esqueleto, entre la ropa que me gusta y la médula, hay una cantidad incalculable de información. La atención se dirige hacia los huesos y en el camino emerge la información. Nos limitamos a permitir que nos afecte, preguntándole por su raíz, por lo que quiere, por el lugar de donde brota.

 

5. Caminata de las cenizas (ash walk)

Un clásico del butoh.

No somos sino una burbuja en la espuma en la cresta de una ola en el océano.

La burbuja soy yo, la espuma es mi civilización, la ola es la humanidad, el océano es la vida, el planeta es una cuna. Vivimos empujados por nuestro pasado.

Transformamos el cuerpo en cenizas: ausencia de voluntad propia.

Pies juntos, piernas frágiles, rodillas flexionadas, suelo cubierto de vidrios rotos: estas indicaciones nos obligan a un estar inestable, en la inestabilidad nos agarramos a la información solidificada en el cuerpo, al yo. Al no poder pisar el suelo el sujeto emerge directamente.

Ojos que no ven. La visión muchas veces nos sirve de apoyo. Quitar este apoyo.

Cada articulación cuelga de telarañas: aumenta la fragilidad y la inestabilidad.

Un bosque profundo y oscuro en el fondo de la boca: esta imagen hace que miremos en el interior como algo que desconocemos. Mirarnos sin conocernos es un paso fundamental al autoconocimiento… cada uno es para sí mismo lo más lejano.

Abrimos la espada a todo lo que fue necesario para que yo estuviese aquí. Todo el pasado entrelazado, toda la historia es actual en mi cuerpo.

Pregunto a mi vida: cuántos años tienes querida vida…? Y mi vida contesta: tengo cuatro mil millones de años (sobre este planeta).

No aquí, no ahora: sin espacio, sin tiempo.

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2 respuestas a Semana 5 · Cuatro mil millones de años

  1. Porlo Tanto dijo:

    llevo ya mucho tiempo
    creo que han pasado horas
    solo, en pie, sosteniendo con mis huesos el suelo

    me he querido rendir
    ahí estaba mi voluntad: “¡déjate caer, escapa!”

    la incomodidad es un dolor que sube por tobillos, pantorrillas y muslos
    se cuelga de la cadera y balancea
    viene hasta los hombros y escurre por los brazos buscando, largo, más largo, llegar al suelo, reposo del guerrero

    ¿cuantas luchas, humanidad, para que el peso de mis brazos colgando rompa en añicos el cristal de la comodidad que habito?
    un homínido hace tres millones de años y un día agarró una piedra, y se ayudó de ella para separar la carne del hueso de su presa; luego la utilizó para abrirle la cabeza a ese que tanto se le parecía, en cráneo, dientes y hambre, y que le intentaba arrebatar el sustento.
    me duelen los tendones al cerrar la mano. creo que es de tocar guitarra.

    sustento.
    1. m. Mantenimiento, alimento.
    2. m. Aquello que sirve para dar vigor y permanencia.
    3. m. Sostén o apoyo.

    ¿ya son las dos?

    qué hambre.

    subir Olivar erguido hoy me cuesta un poco más.

    comeré salmón, a ver si recuerdo algo…

    Me gusta

  2. Pingback: Un espacio de sensaciones (semana 2 de febrero) | BUTOSOFIA

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