Una guerra a muerte contra el juicio humano · ¿Qué es el butoh? #6

Hay una justicia que se opone a todos los juicios.
Gilles Deleuze, Crítica y clínica

¿Qué relación hay entre las bombas atómicas, la revuelta política contra la ocupación, el rechazo del cheque sin fondo llamado democracia, como Hijikata solía calificar a la modernización política del Japón de posguerra, y los movimientos deformes de algunos cuerpos que pretenden mediante su diálogo con la gravedad oír algo de la realidad? ¿En qué sentido estos trámites artísticos son también políticos?

rhizomecortado

Rhizome Lee en la Sierra de Gredos en 2015.

En 1968, una efervescencia política contagia innumerables campus universitarios en todo el mundo y en algunas partes el deseo de otro mundo toma las calles. Rhizome Lee es líder estudiantil en el campus de la universidad de Tokyo donde Hijikata presenta La rebelión de la carne. Rhizome Lee quedó marcado de por vida. Vio encarnada la rebelión política que él manejaba teóricamente y desde la militancia activa. Después de la primavera más famosa de la historia reciente, Rhizome Lee trabajará en la edición de libros durante veinte años antes de sumergirse, sin posibilidad de marcha atrás, en el butoh como modo de vida. En 2011, en la escuela que fundó donde también vive, la Subbody butoh school en el Himalaya indio, sujeto a un arrebato de impaciencia frente a la aproximación intelectual de una estudiante que exigía saber qué es el butoh, Rhizome Lee definió el butoh en estos términos: el butoh es una guerra a muerte contra el juicio humano llevada a cabo en el propio cuerpo.
Es la más bella definición del butoh y de la danza que yo conozco y sin lugar a duda también la más explosiva.

Rhizome Lee, que se rebautizó a raíz de las teorías rizomáticas de Deleuze y Guattari, dedicó años de su vida al estudio de las relaciones de poder y de dominación. Gracias al butoh, pudo ampliar el campo de batalla hasta dimensiones donde ya no es imprescindible el uso del lenguaje y la lógica dual que lo estructura. Después de la Segunda guerra mundial, la extensión material, política y filosófica de los escombros del progreso y de la razón humana es tal que pudo desengañar cualquiera. Como lo formularon Horkheimer y Adorno en su afamada Dialéctica de la Ilustración, publicada originalmente 1942: No existe palabra de la que en último término no pueda servirse la mentira. A partir de la segunda mitad del siglo XX, ningún discurso puede ya acoger de forma genuina la indignación y el deseo de otra realidad. Las palabras se intercambian, las ideas nutren su contrario, hablar, opinar, pensar se traduce inmediatamente en elogio del statu quo. La intuición de Nietzsche según la cual no nos podremos deshacer del juicio de dios mientras sigamos creyendo en la gramática encuentra un siglo después su formulación definitiva en esta sentencia, un tanto excesiva, de Roland Barthes: Todo lenguaje es fascista. ¿Cómo compaginar esta constatación, que hoy en día, según Jean-Paul Curnier, se ha tornado manifiesta, de que ya no hay nada que decir, y la necesidad corporal y vital de encontrar una vía de salida a la petrificación del mundo? Se podría sintetizar la apuesta metafísica e hiperfísica de Hijikata de la manera siguiente: las bombas, las cárceles, las armadas, la violencia, la colonización, toda la sombra colectiva florece gracias a las sombras corporales. Toda la miseria del mundo no es sino un múltiple de la miseria albergada en los cuerpos. El propio cuerpo se convierte entonces en campo de batalla de la política local y mundial.

Que la política tenga que ver con la fisicalidad del cuerpo no es una idea propia del butoh. Es, al mismo tiempo, una constatación y una construcción en marcha. Michel Foucault la estudió bajo el nombre de biopolítica, eso es la política que toma como objeto la población, su nacer, su morir, su alimentación, su seguridad. La biopolítica no se limita a definir los márgenes necesarios a la vida en común, no solamente establece los marcos de la conducta individual ni le basta inocular la disciplina necesaria al buen funcionamiento de las instituciones. La biopolítica invade la materia misma de los cuerpos. Se entiende la política no como marco exterior para la conducta individual sino como principio activo difundido en los cuerpos en poblaciones enteras. En estas nuevas circunstancias, la libertad de expresión ya no es ningún caballo de batalla para la militancia que lanza una mirada lúcida sobre el mundo donde vivimos sino una medida de higiene mental para regímenes políticos donde a la palabra le es imposible afectar las estructuras de poder. Hablar y comunicar echa agua al molino con cuya energía construimos un tribunal global donde algunos podrán vivir cómodamente a corto y medio plazo, la miseria generalizada siendo un horizonte común a largo plazo. A raíz de esta lectura Hijikata rechazaba el cheque sin fondo llamado democracia.

¿Cómo no agrandar el tribunal sin ir a vivir en un monasterio? Arrancando de raíz la dualidad del cuerpo, desenterrando los juicios de los tejidos corporales, disecando los bloques, las fijaciones, las solidificaciones, desmontando el sujeto político enfrascado en los tejidos, sumergiéndose cabeza primera en la oscuridad propia para restarle fuerza al mundo de la luz artificial y de la comunicación instantánea.

En su diálogo con la gravedad, en su confrontación con aquellas zonas que se sustraen al mundo de la fuerza, al mundo que compartimos, el butoísta hace algo más que percatarse que su cuerpo es un reino más extenso que su personalidad. Al abrir, al separar, al disolver las ficciones y las fijaciones de su cuerpo ataca también las del mundo, pues nuestro cuerpo no es un invasor dentro de un mundo preexistente sino que mundo y cuerpo se pertenecen, participan el uno del otro, emergen juntos. El juicio humano, intrínsecamente ligado al lenguaje, está involucrado en una dinámica totalizante. Cuántas veces nos han dicho que lo que las palabras no pueden tocar no existe, o que de aquello que no se puede medir mejor no hablar, que lo que no tiene nombre no es, etc. Es misticismo todo discurso que versa sobre lo otro del lenguaje. El butoh sólo es un discurso si entendemos este vocablo según su etimología bailarina: discurso es ir y venir, desvío del curso, desviación de la marcha, etc. Pero entonces es una mística práctica, palpable, más real que la realidad de las palabras que nos confunden sobre el mundo que somos. Tarde o temprano, el diálogo con la gravedad desemboca en sensaciones para las cuales carecemos de palabras o para las cuales sólo disponemos de imágenes y metáforas. El diálogo con la gravedad, cuando lo investimos con la energía de una persona que se compromete en una guerra a muerte, acaba con las oposiciones básicas del mundo que creamos y que hacen funcionar el juicio humano: interior / exterior, yo / mundo, identidad / alteridad, mente / cuerpo, las fronteras que rigen el despliegue de estos binomios se desdibujan. La estructura a partir de la cual enunciar juicios sobre el mundo se derrumbe y el butoísta se ve proyectado en una especie de sueño. Aminorando el yo que hace de correa de transmisión entre la macropolítica y la intimidad de la vida, el butoísta se disuelve en un sueño colectivo, en un nacimiento compartido.

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2 respuestas a Una guerra a muerte contra el juicio humano · ¿Qué es el butoh? #6

  1. gracias #6. intenso este… gracias

    website: http://www.ferychar.wix.com/site facebook: Fernando Nicolás Pelliccioli

    Me gusta

  2. Pingback: Resonancia · ¿Qué es el butoh? #9 | BUTOSOFIA

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