Un diálogo con la gravedad · ¿Qué es el butoh? #5

La editorial francesa Actes Sud publicó en los primeros años de este milenio una serie de libros destinados a dar cuenta del abanico de posibilidades para la espiritualidad en la época actual, época poco volcada hacia lo invisible. Ushio Amagatsu, uno de los pocos butoístas aclamado institucionalmente y creador de la compañía Sankai Juku, fue invitado a colaborar con su visión al informe del estatuto de la espiritualidad tercermilenista. Para esta colección de Actes sud titulada El aliento del espíritu, el Japonés tituló su libro: Diálogo con la gravedad. El texto de Amagatsu no se presenta bajo la forma de un diálogo, entre un espíritu y la gravedad, sino que da testimonio de la comprensión de su propio trabajo. La expresión que eligió sintetiza mucha de la fuerza aun latente en el butoh.

Ushio Amagatsu
Ushio Amagatsu, 1993. Fotografía de Yoshihiko Ueda.

Que el Diálogo con la gravedad sea publicado en una colección que presta oído al aliento del espíritu demuestra que los bailarines que gustan de raptar por el suelo no son ajenos a las alturas de la cultura. Semejante a Dios, la gravedad es omnipresente, informando el cuerpo constantemente. Del mismo modo que podemos retener la respiración por algunos segundos, o incluso hasta algunos minutos, podemos saltar para separarnos del suelo momentáneamente pero la fatalidad reaparece más temprano que tarde: nuestros cuerpos lidian necesariamente con algún tipo de suelo. La reina de las fuerzas pone en relación la interioridad de nuestra estructura con el mundo que compartimos. A semejanza del aire, que entra y que sale, la gravedad desconoce la diferencia absoluta entre dentro y fuera que constituye el cemento de la existencia individual. Por lo tanto resulta ser un guía plausible para el desarrollo espiritual. Esta concepción no es propia de los Japoneses ni del butoh. La pensadora Simone Weil, nacida judía y convertida al catolicismo, habiendo renunciado a la nobleza de su cuna para experimentar la vida del obrero, escribió libros anarquistas cuya consistencia intelectual deja en ridículo quienes creen que la radicalidad política empieza con un acto de fe en contra de dios. En la primera mitad del siglo XX, Weil quería entregarse totalmente al reino de las fuerzas, quería abandonarse enteramente a la potencia de la gravedad. Cuando se está totalmente inmiscuido en el campo de batalla mundial donde reina la gravedad, cuando se es fuerzas no más, entonces, escribió, algo se eleva de nosotros, ese algo puede llamarse amor. Disolviéndose en un mundo de fuerzas ciegas pretendía liberar el amor y la gracia.

En 2008, Rosita Boisseau quiso presentar un panorama de la danza contemporánea y para ello preguntó a 1001 coreógrafos ¿Cuál sería el movimiento absoluto? Ushio Amagatsu le contestó: “un cuerpo en diálogo fusional con la gravedad.” Pues, si bien al nacer estamos abandonados al campo gravitatorio, no nos fusionamos inmediatamente. Nacemos con resistencias, abstracciones, oscuridades, nudos, bloqueos, secretos, memorias replegadas, subjetividades impersonales. El filósofo alemán Peter Sloterdijk, en su estudio sobre la cinética política titulado Eurotaoísmo, repara en el hecho de que venimos del ahí, la barriga de la madre, y nos dirigimos hacia el aquí, el planeta y el suelo, pero que aun no hemos llegado. Carlota Ikeda, cuando le preguntaron en la misma investigación por el movimiento absoluto, contestó: “tocar el suelo”.

Con estas indicaciones se apunta al hecho de que nuestros cuerpos abrigan espacios sustraídos a la gravedad omnipresente. El diálogo con la gravedad es el encuentro entre dos lógicas: el mundo común y el subconsciente no integrado. Un cuerpo que se detiene para escuchar lo que le susurra la gravedad no tardará mucho tiempo en necesitar moverse, en sentir fuerzas que le empujan fuera del lugar. Política y fisiológicamente estamos sujetos por encima del suelo (leer más). Las danzas que nacen de un diálogo con la gravedad, ajenas a las danzas demasiado humanas que evolucionan sobre el pedestal ficticio de la antigravedad, ideal directamente enlazado con el odio al mundo, tienden a poner en jaque a la sujeción política, es decir al sujeto lingüístico agarrado en los tejidos carnales que lleva nuestro nombre. El diálogo con la gravedad, por consecuencia, no posibilita la elaboración de una identidad sino que desmonta poco a poco todo lo que se resiste a participar del mundo que nos es común. Así, tocar el suelo absolutamente, sin ninguna parte de nuestro cuerpo sustrayéndose a la afectación por las fuerzas que componen el mundo terrestre, inicia el movimiento de un cuerpo en diálogo fusional con la gravedad. Este cuerpo se ha disuelto en lo que hay. Rhizome Lee nombra este horizonte butoísta: un cuerpo transparente, o sea un cuerpo que no muestra más que el espacio invisible. Una disolución total, de ser posible, coincidiría con la desaparición de la danza, del diálogo con la gravedad, pues, como afirma Yoko Ashikawa en el documental The Dance of Darkness: “La danza es el espacio entre tú y el suelo.”

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Una respuesta a Un diálogo con la gravedad · ¿Qué es el butoh? #5

  1. gracias 5.

    website: http://www.ferychar.wix.com/site facebook: Fernando Nicolás Pelliccioli

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