De nuevo (Semana 1 de enero 2014)

 1. Continuamos con el año nuevo

 

Aquí estamos, o hacia aquí nos encaminamos.

Continuamos, no hacemos más que continuar, que buscar la continuidad. La continuidad del aire que respiramos, la continuidad del campo de la gravedad, ambos continuos debilitan la separación entre dentro y fuera. Si tuviésemos que resumir la investigación del subconsciente a una única tarea podríamos decir: desvelar la continuidad entre dentro y fuera.

En Un mundo común, Marina Garcés escribe que la continuidad es lo que nos permite vivir y pensar más allá de la oposición entre unión y separación. Ni un todo ni soledad sino nosotros en continuo.

Jean-Luc Nancy escribe en La adoración: El subconsciente es el mundo mismo. Lo que en psicoanálisis llaman el ello es en realidad la manifestación del mundo, la emergencia del mundo. En lo más íntimo de nosotros, en nuestros abismos, late el mundo. Lacan utilizaba el término éxtimo para señalar que en lo más profundo pulsa el exterior, que lo más interior corresponde al exterior.

Continuamos pues con un año nuevo. La novedad es la cosa más antigua de este universo. Para los meses que vienen la propuesta es profundizar la investigación enfatizando la vertiente plural del mundo, apoyándonos en el nosotros como fundamento abierto del mundo y del espacio. Desde el feto vivimos en el con, en un mundo donde siempre estamos en relación conCon es la base del ser para nosotros.

Rhizome Lee, el instigador del subbody butoh, escribe subbody=cobody. El subcuerpo es un cuerpo compartido. En otoño hemos privilegiado un trabajo más enfocado hacia el subcuerpo (criaturas latentes), de una manera por lo general digamos más individual a falta de un término más adecuado, aunque hemos tenido sorbitos de cobody. Daremos en las semanas que vienen más peso al cobody, lo que nos permite aventurarnos a niveles más profundos. En una investigación individual, queramos o no, el autocontrol es más poderoso, más difícil de tambalear. Cuando abrimos el espacio subconsciente compartiéndolo con otros cuerpos, hay más probabilidades de sorpresas, extrañezas, disgustos, sincronicidades, descubrimientos, etc. No podemos deshacernos totalmente del autocontrol pero tampoco podemos controlar a los otros. Cuando abro en mi cuerpo la resonancia con espacios subconscientes y entro en relación con otros también enfocados hacia la oscuridad del cuerpo, entonces emergen posibilidades nuevas y situaciones inauditas, entonces florece la creatividad.

 

2. Tocarnos

 

Hemos empezado con lo algunos llamarían un masaje. Una persona tumbada y otra persona de pie cerca de la pared. Abrimos la escucha del mundo, mientras que la persona de pie se encamina hacia el cuerpo yaciente. Al penetrar en un espacio más cercano, abrimos la capa madre, la proximidad, la frontalidad del mundo. Pasamos luego al espacio más íntimo sin tocar, entre tocar y no tocar, la capa placenta, percibo el cuerpo del otro sin tocarlo físicamente, calor, frio, magnetismo, palpitación, electricidad, todo un abanico de sensaciones físicas, reales y naturales está disponible entre los cuerpos. Pasamos a tocar a flor de piel, luego a mover el pellejo, luego a achuchar y estrujar los músculos y finalmente a palpar, explorar y golpear los huesos.

En cada capa buscamos sintonizarnos, es decir no buscamos sentir lo mismo ni comunicarnos algún tipo de información sino que buscamos escuchar en la misma dirección, contemplar el mismo territorio. Me acerco desde lejos y ambos escuchamos el mundo. En el espacio entre tocar y no tocar ambos ponemos la atención entre nosotros. Toco la piel con la piel, palpo los músculos con mi energía muscular, golpeo los huesos con mis huesos. No es una técnica de masaje sino un entrenamiento para que, a lo hora de explorar el subconsciente, estemos ambos buceando. Para evitar posturas de gurus malevolentes y dinámicas insanas de dominación, el subconsciente debe ser un espacio en el cual entramos todos. Enseñar a meditar se hace meditando. El subconsciente se toca con el subconsciente.

Mientras nos tocábamos insistí varias veces sobre la importancia del no-saber. Insisto una vez más. Descubro, exploro, me extraño. No aplico una teoría sobre el cuerpo del otro, no lo corrijo, no lo relajo, no lo sano, no lo mejoro. Yo no hago nada al otro. Investigo, nada más. Continuamente trabajamos con la verdad física, real, y ésta se manifiesta en sensaciones corporales. Lo que aprendí en libros, en seminarios, lo que me enseñaron de cómo es un cuerpo ideal, sano, alineado, limpio, etc, todo eso debe permanecer fuera de la sala. No es malo en sí pero para nuestra investigación no nos ayuda. Cuando voy a ver el osteópata o el terapeuta de integración estructural, quiero que me alinee la cadera, que contemplé la torsión en mis hombros, que diagnostique desequilibrios en mis cervicales, etc, lo pago para este trabajo y me ubico deliberadamente en una relación terapeuta y paciente. Confío en su saber y su experiencia y quiero beneficiarme de su labor. Todo eso es sano y normal. Pero no tiene cabida en nuestra investigación.

Buscamos generar sabiduría desde la experiencia, buscamos esta sabiduría que aparece cuando el sabio se disuelve. Leí en Butoh. Metamorphic Dance and Global Alchemy algo que no supe expresar en su momento. Cuando trabajamos batidas más físicas de descontrol del cuerpo, dije que nuestro objetivo no era incrementar el dominio del cuerpo sino desarrollar nuestra capacidad de habitar la pérdida. En su libro, Sondra Fraleigh escribe que el butoh no entrena el control del cuerpo sino su capacidad de escucha. Al tocarnos, entrenamos nuestra capacidad de relacionarnos sin reconocer, sin enjuiciar, sin valorar. La apuesta o el acto de fe subyacente a la investigación del subconsciente consiste en qué lo que sucede es necesario, exploramos la continuidad del espacio y de los cuerpos, desde el fondo de los tiempos hasta en el pensamiento más íntimo. Toco otro cuerpo, descubro una tensión, esta tensión es necesaria para su vida, el otro tiene el cuerpo que necesita ahora mismo. Está viviendo lo que necesita vivir y su vida tiene el cuerpo idóneo para aquello que está viviendo. Arnold Mindell en El cuerpo que sueña relata el caso de un hombre a quien un señor sabe-lo-todo consigue, en una demostración de su poder ante el público de un seminario, una relajación súbita de su mandíbula. El hombre en los días que siguen cae en profunda depresión, acabará suicidándose algunos meses después. Transformando el cuerpo de la gente transformamos sus vidas. No podemos llegar y descartar o desechar un parte de su organización corporal así sin más. En nuestra investigación el papel de la mente es el de una madre: dar la bienvenida, acoger, cuidar sin preferencias. A lo que nace y a lo que se manifiesta se abren las manos sin miramientos.

Por supuesto que lo que hacemos sana, abre, relaja. Cuando sucede, espontáneamente, tampoco lo freno… Ha dicho de no sanar… No… Yo no sano, yo no relajo. Observo la gravedad y noto que mi hombro cae, se relaja un músculo, se deshace un nudo. Observo: hay gravedad en el espacio, hay respiración en el espacio y ahí va, hay relajación en el espacio. Salgo de una danza y noto que algo sucedió, algo se despejó, entonces noto: hay sanación en el espacio. Nuestro objetivo es experimentar y profundizar nuestra experiencia de la verdad de este cuerpo/mente en este espacio y su naturaleza naciente. Esta verdad sana pero esta sanación sólo es un subproducto.

Nietzsche escribió: me sané a mí mismo y hay una condición para ello, estar sano en el fondo.

No trabajamos con el cuerpo visible sino con el espíritu del cuerpo y el cuerpo del espíritu. Partimos de un fondo sano, del mundo que nace.

Continuamos con el año nuevo: cada vez que toco, toco algo nuevo, toco por primera vez, toco sin idea preconcebida de lo que toco. Sé que eso no posible pero sé también que es posible invertir nuestra tendencia a teñirlo todo con nuestras opiniones y juicios. Soy un humano educado lingüísticamente, resulta difícil percibir sin nombrar pero puedo incrementar cada vez más la parte de la mente que percibe, que siente, puedo potenciar cada vez más la sensibilidad y debilitar la reacción, el juicio. No sé si se puede erradicar totalmente el juicio y el lenguaje binario del cuerpo pero sé que hay más riqueza en el mundo que la que el lenguaje puede aprehender.

 

3. Efusión, nacimiento

 

Una herramienta básica del modo de investigar que profundizamos es la intensificación de las sensaciones corporales. Permitir que la señal del cuerpo, que la sensación, que el puente entre consciencia e inconsciencia empiece a funcionar, a resonar, y así descubrir patrones e información subconscientes. La intensificación de sensaciones es algo muy sutil, una herramienta perfectible al infinito. Si yo intensifico pierdo detalles y raíces. Más bien cuando encuentro una sensación dejo que se intensifique a sí misma. Quise ejemplificar la idea…

Abro una botella de agua y vierto agua en el cuenco. Se ve el agua caer, vemos que el chorro de agua no es la misma agua, percibimos el movimiento en el agua que fluye.

Miramos una vela y vemos la llama aparecer y desaparecer, fluir…

Le doy al cuenco y escuchamos el sonido agotarse, intentamos ver el sonido verterse en el espacio.

Todo fluye, el todo se derrama. Un diluvio, una caída, un surgimiento, un nacimiento.

El ser es una efusión.

Miramos una compañera del mismo modo que mirábamos el agua caer de la botella, o el sonido emanar del cuenco, o la llama desprendiéndose de la vela. Su cuerpo no es el mismo de hace diez años, ni el mismo que cuando nació, ni tampoco el mismo cuerpo que hace una hora. Envejecemos no por golpe sino continuamente. Nos miramos e intentamos ver el otro verterse, agotarse, surgir, aparecer y desaparecer continuamente. Intentamos percibir el movimiento en la quietud.

Luego cerramos los ojos y escaneamos el cuerpo, analizamos sensaciones. Cada sensación aparece y desaparece continuamente. Un dolor nunca es el mismo, es agua que sale, información que se derrama. Estamos quietos y nos miramos emerger, nacer.

Entonces pasamos a intensificar una sensación, entendemos que intensificar no es hacer nada, es como abrir el grifo; encuentro una presión y la permito, curioseo, abro la tapa y la presión se desarrolla (se presiona más, o se relaja, o se distorsiona, etc). Abro la válvula y lo que pulsa tiene espacio para nacer, brotar, verterse.

El presente es una vagina donde el pasado se derrama. Si nos sentamos y esperamos suficientemente el dolor que aparece en las piernas acabará agotándose como el agua de la botella. Lo que nace muere.

Todo es permanentemente nuevo, todo es el antaño que rebrota, renace, emerge.

Danzar es hacer manifiesto el nacimiento del espacio que compartimos.

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