Semana 4 · Danza de la oscuridad

Entrar en la oscuridad con una luz

sólo nos permite conocer la luz.

Para conocer la oscuridad

hay que ir a oscuras.

Ve sin ver y descubre que la oscuridad

también florece y canta,

y puede ser hollada

por pies oscuros y por oscuras alas.” – Wendell Berry

 

1. Continuamos

Seguimos llegando hacia el espacio gracias al aire que entra y que sale, que roza la nariz al entrar y al salir (puede entenderse la entrada y la salida en un sentido o en otro: o bien yo respiro o bien respira el espacio exterior), seguimos llegando hacia el suelo. Escuchando las direcciones del aire y del suelo se manifiestan sensaciones físicas, reales, naturales y cotidianas. Estas sensaciones son nuestra puerta de entrada hacia el subconsciente. Cada sensación física brota de un lugar: le prestamos atención como si del agujero que nos llevará al país de las maravillas se tratase, buscamos en la sensación real el anverso de la realidad (igualmente real pero incomunicable, realidad ajena a la convención, realidad propia: fantasía).

 

El butoh es un trabajo de rememoración.

Platón decía que la filosofía servía a recordar las ideas-formas que habíamos contemplado antes de nacer.

Kazuo Ohno decía que había aprendido el butoh en el vientre materno. El butoh es un trabajo de rememoración no de las ideas formas sino de un estado de mente libre de ideas. El butoh quiere recordar la mente fetal, una mente en resonancia con su mundo, sin conceptos, juicios, intención, sin identidad.

Cada jueves llegamos a la sala y mi cuerpo puede recordar el estado de mente de la semana anterior. Puedo en tres minutos llegar al sitio donde llegue en media hora la semana de antes.

 

Hemos levantado la cabeza sin despegar la piel, y luego el brazo, la pierna, la otra pierna, el otro brazo, el torso.

Este proceso nos permite ya entrar en contacto con distintas mentes: una intención se apodera del brazo pero no se traduce en movimiento, luego la relajación a veces permite que el brazo (o la parte que sea) se entregue más hacia el suelo. La diferencia entre el brazo antes y después de la acción de levantarlo sin despegar la piel radica en la sujeción inconsciente presente en el brazo. Al prepararnos para levantar el brazo, la mente entra en comunicación con la tensión que ya está presente en los músculos. Relajamos la intención y una parte de la tensión se libera. Ponemos en contacto la mente intencional con la mente subconsciente.

 

El butoh consiste en ir al encuentro del sujeto que vive en nosotros, en aquello que dice yo, que quiere, que sabe, que teme, etc. Ir al encuentro de la sujeción para abrirla, para desanudarla. La oscuridad es el no saber.

 

2. Mover desde la incomodidad

 

No sé de dónde nace el movimiento. Esperamos hasta que el movimiento sea necesario. Si mi movimiento es necesario entonces está conectado con la necesidad del movimiento, entonces es real.

Estamos tumbados desde casi una hora. Sensaciones físicas reales empiezan o llevan ya rato un poco demasiado real: incomodidad.

Muevo lo que necesita moverse – soy movido por la necesidad.

La incomodidad es un nivel burdo de la necesidad. Nos sirve para conectar con un tipo de movimiento que no depende de la técnica ni de la estética.

Es importante aquí entender que moverse desde la incomodidad es bien distinto a moverse para negar la incomodidad. Ejemplo: me pica y me rasco. No he movido la incomodidad, no le pregunté hacia dónde, no interrogué sus raíces. Me rasqué, rechacé la sensación de picor. Otro ejemplo: aparece un dolor en el cuello entonces giro la cabeza, sacudo los hombros, me muevo de manera a qué desaparezca el dolor. No estoy investigando en el agujero que me llevará al país de las maravillas. Estoy rechazando lo que dice mi cuerpo en su diálogo con la gravedad, tengo una idea de lo bueno y lo malo, de lo que me gusta y lo que no. El patrón es no quiero ese dolor en lugar de preguntarse por lo que quiere ese dolor. ¿Se entiende el matiz? Qué quiere ese dolor puede investigarse intensificando el proceso, o observando cómo se modifica con el tiempo, o permitiendo que la sensación mueva el cuerpo, sin saber, descubriendo el camino al caminar.

 

3. Exploración del espacio

 

Hemos tomado el tiempo de explorar la nueva sala y el nuevo cuerpo. Hemos explorado el espacio incluyendo el cuerpo, las temperaturas, las texturas, las sorpresas. Hemos distinguido la mente que percibe de la mente que nombra, que reconoce, e intentado potenciar la primera. Nombrar no es malo, es útil y vital en nuestro mundo, pero hay un desequilibrio entre la mente que nombra, muy desarrollada, muy potenciada, frente a la mente que percibe. En el budismo se distinguen cuatro tipos de mente: la que percibe, la que reconoce, la que evalúa y la que reacciona. Percibo, nombro, me gusta y muevo (o no me gusta y muevo de otro modo). Nuestro trabajo en el taller es estudiar el movimiento generado por la percepción. Percibir ya es movimiento.

Después de explorar la sala y el cuerpo y las sensaciones de distintos modos hemos ido en búsqueda del lugar más oscuro. En el lugar más oscuro hemos buscado la posición más oscura. Hemos investigado cómo se mueve esta criatura, cómo baila, qué sonido nace de ella, etc.

El lema aquí sería: “Cada uno es para sí mismo lo más lejano.” – Nietzsche

 

4. La memoria del peso

 

Una persona tumbada. Otra le coge los brazos, aprecia su peso y muevo los brazos a la vez de manera asimétrica. La otra persona repite desde su memoria sensorial el movimiento propuesto. Empezamos con pratones fáciles y si hay colaboración podemos ir hacia patrones más complejos. Repetiremos…

 

5. Shiatsu de las piernas

 

Entre placer y dolor. Practicar: dar peso y no tensión, ojos en los pies, escucha del cuerpo, lectura de la información sensorial en las piernas. Es un ejercicio muy completo: escucha del peso y del otro en un mismo gesto, del placer y del dolor en la misma acción.

 

Hasta la próxima !

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